Gus Van Sant vuelve a las pantallas con un thriller que incomoda y atrapa: ya se puede ver en streaming
Bill Skarsgård interpreta a Tony Kiritsis, el hombre que en 1977 tomó de rehén al hijo de un banquero en Indianápolis para denunciar un sistema que lo dejaba sin salida. La película, que pasó casi desapercibida en las salas, encontró en las plataformas su verdadera oportunidad.

Yo no me voy a cansar de repetirlo: el cine que de verdad vale la pena es el que te deja pensando dos horas después de que terminó. Y lo que acaba de llegar a Movistar Plus, justamente de la mano de Gus Van Sant, cumple con esa condición de manera incómoda. "Dead Man's Wire", rebautizada acá como "Prime Crime: A True Story", es la clase de película que los grandes estudios no saben cómo vender pero que, en algún rincón de la pantalla chica, termina encontrando al público que se la merece. Y les voy a ser honesta: a mí me dejó pegada al sillón.
Un caso real que parece inventado
La historia arranca en Indianápolis, en 1977, cuando Tony Kiritsis, un hombre común, llega a la sede de un banco donde había pedido un préstamo para comprar un terreno. Se lo niegan. Y, como tantas veces pasa en la vida real, lo que empieza como un trámite termina siendo una encerrona: sospecha que la entidad financiera busca quedarse con su propiedad para especular, y decide que la única manera de hacerse escuchar es montar un escándalo. La historia tiene todo lo que uno esperaría encontrar en una crónica policial: un hombre desesperado, un rehén involuntario, un dispositivo casero pero potencialmente letal atado al cuello del hijo del banquero, y dos pedidos tan concretos como insólitos, una indemnización y la posibilidad de hablar en televisión nacional para contar su versión de los hechos. Y acá es donde la película de Van Sant empieza a funcionar, porque no se limita a contar el secuestro: se detiene en las razones, en la lógica perversa de un sistema que parece diseñado para que el de abajo pierda, y en cómo alguien puede llegar al borde cuando todas las puertas se le cierran de a una.
“El sistema no escucha a los que pierden. Y cuando alguien grita demasiado fuerte, lo primero que hacen es pedir silencio.”Tony Kiritsis, personaje de la película
Para mí, que crecí viendo a Van Sant en esas matinés de cineclub que en Buenos Aires todavía resisten en algunas salas del centro, reencontrarme con su mirada es volver a confiar en que el cine de autor todavía tiene lugar. Este director, que ya nos dio títulos enormes como "Mi mundo privado", "Drugstore Cowboy" o la inoxidable "Elephant", tiene la costumbre de poner la cámara muy cerca de los que el sistema descarta. Y acá vuelve a hacerlo con una precisión notable: Bill Skarsgård, el actor sueco que muchos conocieron por la saga de "It" y que viene demostrando que su rango va mucho más allá del terror, se carga la película al hombro con un trabajo físico y vocal impresionante. Su Kiritsis no es un villano ni un héroe, es un hombre al que le pasa algo que a cualquiera le podría pasar, y esa es la parte que más duele.
Una película pensada para el streaming
- Recaudó apenas 3,8 millones de dólares en su paso por las salas norteamericanas, una cifra muy por debajo de lo esperado.
- Su presupuesto se estima en menos de 15 millones de dólares, lo que la ubica en el segmento del cine independiente de bajo costo.
- Llega a Movistar Plus con la expectativa de encontrar un público que la premie desde el sillón, algo que cada vez es más habitual en el circuito de plataformas.
A mí, que vengo siguiendo el derrotero del cine de género con intención autoral, este estreno me confirma algo que sospecho hace rato: las plataformas son, hoy por hoy, el único lugar donde ciertos relatos pueden respirar sin que los números de la primera semana los condenen al olvido. La película tiene guiños explícitos al thriller urbano de los años setenta, ese cine de presión policial y cobertura mediática en tiempo real que en su momento encabezaron Sidney Lumet y otros maestros del género, y cierra con un recurso musical cargado de sentido político, nada menos que un tema de Gil Scott-Heron, que le baja el telón con la lucidez de quien sabe que la protesta individual, cuando choca contra estructuras que la superan, siempre deja preguntas abiertas. No les voy a mentir: "Prime Crime: A True Story" no resuelve sus propias contradicciones, y tal vez ahí radique parte de su encanto, porque la vida tampoco lo hace. Lo que sí les digo es que, si andan buscando algo para ver el fin de semana, dense una vuelta por Movistar Plus y arrimen el sillón, porque esta es de esas películas que se recomiendan entre amigos después de verlas, y que justifican cada minuto de la velada.
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