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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Jeanne Tripplehorn, la actriz que aprendió a brillar lejos del centro de la escena

Cuatro décadas después de su debut en Instinto básico, la actriz construyó una carrera de transiciones pacientes, del cine de los noventa a la televisión de plataformas, sin prisa pero sin pausa.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Jeanne Tripplehorn, la actriz que aprendió a brillar lejos del centro de la escena

Yo la descubrí en una de esas cintas que pasaban a cualquier hora por el cable, cuando todavía creíamos que el video club de la esquina iba a durarnos para siempre, y me acuerdo de que me llamó la atención esa mujer de mirada serena que parecía entender todo lo que pasaba a su alrededor sin necesidad de gritarlo, una presencia que se plantaba en el cuadro con la misma seguridad con la que uno se acomoda en la butaca de un cine de barrio cuando sabe que la función va a valer la pena, y esa sensación es la que me acompaña cada vez que aparece su nombre en una pantalla, porque Jeanne Tripplehorn tiene ese raro don de los actores que no necesitan ocupar todo el espacio para que uno los recuerde al día siguiente.

El debut que cambió todo

Aterrizó en el cine de la mano de Paul Verhoeven en Instinto básico, aquel thriller de 1992 que sacudió a la industria antes de llegar a las salas y que terminó convertiéndose en un fenómeno de taquilla mundial, y aunque su papel de la psicóloga Beth Garner quedaba a la sombra del vértigo que desataron Sharon Stone y Michael Douglas, le alcanzó para que los estudios empezaran a anotar su nombre en las libretas de casting, porque Verhoeven sabía elegir a los actores que le iban a dar textura a sus personajes y Tripplehorn le devolvió esa confianza con una composición contenida y precisa que muchos críticos todavía rescatan cuando vuelven sobre la película.

  • La tapadera (1993), junto a Tom Cruise y bajo la dirección de Sydney Pollack, adaptación de la novela de John Grisham que la confirmó en producciones de primer nivel.
  • Very Bad Things, Dos vidas en un instante y Mickey Ojos Azules, títulos que la mantuvieron visible durante la segunda mitad de los años noventa, casi siempre en roles de reparto.
  • Big Love, la serie de HBO sobre poligamia con Bill Paxton como protagonista, considerada por la crítica como uno de sus trabajos más sólidos.
  • Mentes criminales, donde participó en 48 episodios entre 2012 y 2014 y se expuso a una audiencia masiva desde la pantalla chica.
  • La edad dorada, La lista final y Verdades ocultas, su presente en el universo de las plataformas de streaming.
“Esta serie representa una excepción, porque a lo largo de mi carrera acepté proyectos con los que no me sentía plenamente satisfecha.”Jeanne Tripplehorn, en declaraciones vinculadas a Verdades ocultas

Después de ese arranque explosivo, los noventa le ofrecieron un menú variadísimo donde alternó el drama judicial con la comedia negra y el thriller más descarnado, porque La tapadera la puso codo a codo con Tom Cruise bajo la dirección de Sydney Pollack en una adaptación de John Grisham que confirmó su pertenencia al primer nivel de Hollywood, y más adelante se dio el gusto de trabajar en comedias tan recordadas como Very Bad Things, en dramas sensibles como Dos vidas en un instante y en ese pequeño clásico moderno que es Mickey Ojos Azules, donde demostró que se movía con igual soltura en el registro dramático que en el más descontracturado, y aunque con el correr de los años los papeles principales fueron cediéndole espacio a los secundarios, nunca dejó de aparecer en producciones que la mantenían en la conversación de la industria.

El salto a la televisión y la reinvención adulta

La tele le devolvió un protagonismo que el cine empezaba a escatimarle, y en ese recorrido hubo un mojón que los que miramos series con devoción todavía celebramos, porque Big Love fue de esas ficciones que HBO supo sostener durante cinco temporadas explorando la poligamia con la seriedad de un drama familiar y la audacia de un manifiesto cultural, y Tripplehorn se metió en la piel de Barb Henrickson con una intensidad callada que le valió el reconocimiento de la crítica especializada, después de lo cual llegó Mentes criminales, donde permaneció durante 48 episodios y se ganó el cariño de una audiencia enorme que la descubrió tal vez sin saber que llevaba casi dos décadas frente a cámaras, y ese ida y vuelta entre cine y televisión fue configurando una carrera menos ruidosa pero más sostenida que la de muchas de sus contemporáneas.

Tras un breve paréntesis sin estrenos en 2015 y 2016, volvió al cine con Gloria Bell, el drama de Sebastián Lelio donde compartió elenco con Julianne Moore, John Turturro y Michael Cera, una película pequeña en presupuesto pero enorme en sensibilidad que la reencontró con el cine de autor, y desde entonces su trabajo se concentró en el universo de las plataformas, porque La edad dorada, La lista final y Verdades ocultas la fueron llevando por distintos registros, y esta última, que la tiene como partenaire de Ethan Hawke en el rol central, estrenará su segunda temporada en octubre de 2025 con una actriz que a sus cuatro décadas de carrera sigue eligiendo proyectos con el mismo cuidado con el que eligió su primera escena junto a Michael Douglas.

Si me preguntan a mí qué me gustaría verla interpretar en esta etapa, les confieso que sueño con un papel de villana absoluta, de esos donde laBondad aparente se va deshaciendo como un terrón de azúcar en el café, porque Tripplehorn tiene esa elegancia nórdica y esa voz grave que son capaces de sostener un personaje entero sin levantar nunca el tono, y aunque ella misma reconoció en declaraciones recientes que aceptó proyectos con los que no se sintió plenamente satisfecha, la sola idea de que ahora marque excepciones y elija con más libertad me parece una de las noticias más alentadoras que nos dio el calendario de series de los últimos meses, y les sugiero que no se pierdan Verdades ocultas cuando llegue a las pantallas porque tiene todo lo que uno le pide a una ficción adulta, incluida una actriz que aprendió a brillar lejos del centro de la escena y que por eso, justamente, brilla más.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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