La regla 3-2-1: la galletita de tres ingredientes que se enseña en cualquier cocina y no falla
Harina, manteca y azúcar en proporciones fijas: una fórmula sin huevo, sin leche y sin polvo de hornear que permite escalar la receta sin hacer cuentas. La clave está en la temperatura de la grasa y en no trabajar la masa de más.

Hay una preparación que resume, en apenas tres ingredientes y una proporción, casi todo lo que hay que saber sobre una masa básica: las galletitas 3-2-1, que toman su nombre de la relación 300 gramos de harina, 200 de manteca y 100 de azúcar. Sin huevo, sin leche y sin polvo de hornear, la fórmula es tan directa que puede duplicarse o reducirse a la mitad sin perder el resultado: para media tanda alcanza con 150, 100 y 50 gramos; para el doble, 600, 400 y 200.
¿Por qué la manteca marca el destino de la masa?
El punto de partida es la temperatura de la grasa. La manteca debe estar blanda pero no derretida, lo que en la cocina se conoce como punto pomada: cede al presionarla con un dedo, pero conserva su forma. Si está líquida, la masa queda demasiado floja y las galletitas se expanden en el horno; si acaba de salir de la heladera y está dura, cuesta integrarla con el azúcar. En jornadas de calor conviene devolverla unos minutos al frío antes de empezar, para no perder el control de la textura.
La mezcla se inicia uniendo manteca y azúcar hasta conseguir una crema pareja. Después se incorpora la harina de una vez o en dos tandas, con espátula o con las manos, y se compacta lo justo. No se amasa: cuanto menos se trabaje la masa, más tierna y quebradiza quedará la galletita una vez cocida.
¿Qué pasa en la heladera y por qué es tan importante?
Una vez formado el bollo, se aplana ligeramente, se cubre y se lleva a la heladera al menos 30 minutos. El frío devuelve firmeza a la manteca, facilita el estirado y ayuda a que las formas no se deformen durante la cocción. Si se usan cortantes, enfriar las piezas ya formadas otros 10 minutos antes de hornear mejora aún más el resultado final.
- Estirar la masa entre dos hojas de papel manteca, sin agregar harina extra.
- Buscar un grosor parejo de medio centímetro para que todas las piezas se cocinen igual.
- Precalentar el horno antes de meter la placa: las galletitas entran con calor firme.
- Retirar cuando los bordes apenas se doren y el centro todavía se vea claro.
- Esperar unos minutos antes de levantarlas: al enfriar, la manteca se solidifica y la textura se afirma sola.
¿Qué queda por resolver para quien se anime a probarla?
El material de base deja dos frentes abiertos. Por un lado, el tipo de azúcar: el recorte se corta al mencionar que tanto el azúcar común como el azúcar impalpable son opciones, sin precisar cantidades ni diferencias de textura en el resultado. Por otro lado, los tiempos y la temperatura exacta del horno: no se detallan grados ni minutos, un dato clave para quienes nunca prepararon esta receta y necesitan una referencia inicial para no errarle al primer intento.
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