La trinidad fílmica de Patricio Guzmán: cómo tres películas reconstruyeron el Chile que se quebró
A medio siglo del golpe que sepultó la experiencia allendista, la trilogía del documentalista chileno vuelve a circular como una pieza clave para entender qué pasó en las calles, en las fábricas y en el Parlamento entre 1970 y 1973. Un repaso por su estructura, su mirada y su vínculo con el Tercer Cine, de la mano de una obra que sigue interpelando.

"La historia es un largo camino que no termina nunca", suele decir Patricio Guzmán cada vez que le preguntan por qué vuelve una y otra vez sobre los mismos años. Y tiene razón: cuando uno se sumerge en "La batalla de Chile", esa trilogía que él mismo filmó en plena convulsión, lo que aparece es un camino que sigue abierto, con preguntas que todavía nos interpelan desde este lado de la Cordillera.
Una obra en tres movimientos
Lo primero que conviene tener presente es que no estamos ante un documental único sino ante un proyecto cuidadosamente dividido en tres partes, casi como si fuera una sinfonía. La primera se llama "La insurrección de la burguesía" y muestra los meses en los que la oposición patronal y parlamentaria fue cerrando el cerco sobre el gobierno de Salvador Allende. La segunda, "El golpe de estado", registra minuto a minuto el 11 de septiembre de 1973 y sus consecuencias inmediatas. La tercera, "El poder popular", es quizás la más deslumbrante: ahí Guzmán entra a las fábricas, a los cordones industriales, a las asambleas donde los trabajadores discutían cómo responder a un contexto cada vez más asfixiante. Ver las tres en orden es recorrer un país que se desangra en cámara lenta.
“El cine, cuando se pone al servicio de la memoria, deja de ser espectáculo y se convierte en un acto de resistencia.”Patricio Guzmán
La cámara de Guzmán no se limita a mostrar los grandes titulares: también se cuela en los pasillos del Congreso, donde los diputados de izquierda intentan torcer un destino que ya parece escrito, y en las sedes gremiales, donde los delegados sindicales debaten si ocupar las plantas, si salir a la calle o si aguardar. Esa doble vía, la institucional y la obrera, le da al documental una textura poco habitual: uno ve el mismo proceso desde dos ventanas distintas, y eso ayuda a entender por qué la Unidad Popular logró movilizar a millones de personas mientras, en paralelo, acumulaba enemigos cada vez más decididos.
La huella del Tercer Cine
- Rechazo al modelo comercial de Hollywood y a su lógica de entretenimiento.
- Búsqueda de un cine comprometido con los procesos sociales y políticos de la región.
- Uso del documental como herramienta de registro de la historia reciente.
- Construcción colectiva, muchas veces con equipos pequeños y economías acotadas.
- Vínculo directo con los movimientos populares y con la memoria de los pueblos.
La trilogía se inscribe, como bien señala el material de base, en la corriente del Tercer Cine, aquella idea que en los años sesenta y que proponía un cine latinoamericano pensado desde Latinoamérica, con sus propias urgencias y sus propias estéticas. Guzmán no fue un militante de esa corriente en abstracto: fue uno de los que la hizo carne en imágenes, junto a figuras como Fernando Solanas, Octavio Getino o el propio Chris Marker, que lo asesoró en aquel entonces. Esa genealogía se nota en el modo en que el documental combina lo periodístico, lo cinematográfico y lo pedagógico, sin imposturas pero tampoco sin una clara voluntad de interpelar al espectador.
A mí, personalmente, me sigue conmoviendo la manera en que Guzmán logra que lo colectivo tenga nombre y apellido: las obreras que discuten en un pasillo, el diputado que se quiebra ante el micrófono, el locutor que lee un comunicado mientras suena una balacera de fondo. Es un cine que no escamotea la violencia, pero que tampoco se regodea en ella; un cine que entiende que la política también se cocina en los márgenes, en esos espacios que las cámaras grandes suelen dejar afuera. Si nunca la vieron, mi recomendación es que sePrepare el café, bloquee un par de horas y se dispongan a mirar Chile quebrarse en tiempo real. Si ya la vieron, vuelvan a hacerlo: cada tanto, uno necesita recordar que la democracia también es algo que se discute, se cuida y, a veces, se pierde.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Painkiller: El Fenómeno de los 2000 Renace con Modo Cooperativo

Teenage Mutant Ninja Turtles: Tactical Takedown fija su lanzamiento para el 22 de mayo

Dragon Ball Super vuelve a la carga con un Beerus que se anima (y se reanimó) como nunca
