Las aulas rodantes que llevan oficios a los rincones más apartados de Neuquén
Siete unidades móviles del Ministerio de Educación y del INET ya formaron a 463 personas en 11 localidades. Soldadura, tornería, paneles solares y confección de ropa, entre los rubros que se dictan a medida de cada comunidad.

Me bajé de la camioneta en una mañana cualquiera de la ruta neuquina y me quedé mirando el paisaje que describen los que viven ahí: una franja de asfalto que se estira entre bardas y araucarias, con el viento como único vecino permanente. En ese contexto, donde la oferta educativa suele quedar a varias horas de viaje, apareció hace un tiempo una solución que no es menor: siete aulas montadas sobre acoplados que se plantan en pueblos y parajes con todo lo necesario para enseñar un oficio. Yo lo recorrí y se los cuento, porque vale la pena entender cómo funciona esta red que cambió la vida de más de un vecino.
Un programa que se ajusta al mapa, no al revés
Lo primero que aclara Mabel, vecina de Huinganco, es que antes para aprender algo había que subirse a un colectivo y pensar en días enteros fuera del pueblo. Hoy, en cambio, tiene el taller a cinco cuadras de su casa. El dato no es menor: el Ministerio de Educación de Neuquén y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica coordinan estas unidades equipadas con herramientas, maquinaria y un espacio ya montado para trabajar. La lógica es simple y a la vez novedosa: en vez de esperar que la gente se acerque a un centro de formación, lo que viaja es el centro.
La oferta no es un menú fijo que se aplica igual en todos lados. Cada comunidad recibe los cursos que tienen que ver con su perfil productivo, y eso se nota. En Huinganco se trabaja con mecánica de motores fuera de borda y nafteros, un rubro central en una zona de lagos y ríos. En Aluminé, donde el sol pega fuerte y la matriz productiva mira hacia la energía limpia, se dictan capacitaciones en instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos. En San Patricio del Chañar hay capacitación en gasista domiciliario y soldadura; Plaza Huincul apuesta por la tornería, y Mariano Moreno se especializa en moldería y patronaje de indumentaria. San Martín de los Andes, por su parte, combina soldadura con cursos orientados a formar docentes técnicos.
Cómo se financia y cómo se decide dónde parar
Detrás de cada parada hay un acuerdo de partes. El Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano de la provincia, los municipios y la Dirección de Educación Técnica firman convenios que después coordina el Centro de Formación Profesional N°43. La idea es que cada municipio plantee su necesidad y el programa se acomode: si en un pueblo falta gasista, va el aula con el equipamiento para gas; si sobra turismo y hay que arreglar lanchas, se manda el aula de mecánica náutica. Esa flexibilidad es, a mi entender, una de las claves del asunto.
- Metalmecánica y tornería, con fuerte demanda en la industria hidrocarburífera.
- Mecánica automotriz, de motos y de motores fuera de borda.
- Soldadura, en sus distintas variantes, para obra y mantenimiento.
- Instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos.
- Gasista domiciliario, con salida laboral inmediata en cualquier pueblo.
- Moldería, patronaje y confección de indumentaria, oficios del rubro textil.
- Capacitaciones docentes para escuelas técnicas de la región cordillerana.
Los números oficiales marcan que, desde 2025 a la fecha, 463 personas terminaron alguna de estas capacitaciones en 11 localidades: Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. Para una provincia con la dispersión geográfica que tiene Neuquén, esa cifra tiene otra lectura: significa cientos de familias que pudieron sumar un oficio sin desarmar su vida.
La pregunta que vuelve cada vez que el aula se va
Cuando volví a charlar con Mabel antes de irme, me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Lo bueno es que aprendés, lo malo es que cuando terminás querés que vuelva otra vez". Tiene razón. Porque el aula rodante resuelve una urgencia concreta, la de acceder a una formación que de otro modo sería imposible, pero deja también el desafío de sostenerla en el tiempo. Para quienes viven en zonas alejadas y buscan una salida laboral concreta, la pregunta que sobrevuela cada parada es la misma: ¿saben que esta opción existe cerca de su casa? Difundirlo, me parece, es la primera tarea de todos.
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