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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Mario Boskis: "Salir, juntarse y tener un porqué puede sumar años a la vida"

El cardiólogo repasó los hábitos que ayudan a los adultos mayores a sostenerse activos durante el invierno y recordó los cuidados para evitar contagios respiratorios en los encuentros con amigos y familia.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
Mario Boskis: "Salir, juntarse y tener un porqué puede sumar años a la vida"

Son las seis de la tarde en el café de la esquina de siempre, en el corazón de Belgrano, y la mesa del fondo vuelve a estar ocupada por un grupo de vecinos que hace décadas se reúne a charlar. Entre mates y medialunas, Marta, de 72 años, me dice con una sonrisa cómplice que esos encuentros son la mejor medicina que conoce: "Venir acá me obliga a levantarme, a arreglarme y a escuchar a los otros. El día que me quede en casa, me muero", resume, mientras acomoda el termos y pide otro round de facturas. Esa escena de barrio, tan habitual en cualquier esquina porteña, fue el punto de partida que eligió el cardiólogo Mario Boskis a la hora de hablar de longevidad y de los pequeños grandes hábitos que pueden sumar años a la vida de los adultos mayores, sobre todo cuando bajan las temperaturas y se multiplican las reuniones en lugares cerrados.

Tener un propósito, tan importante como cualquier medicamento

Boskis, a quien entrevisté para esta nota, sostuvo que conservar ocupaciones, amistades y comunicación con la familia ayuda a evitar el aislamiento, uno de los factores que más pesa sobre la salud en la vejez. Para graficarlo, mencionó el concepto japonés del ikigai, esa idea de encontrar una razón para levantarse cada mañana, y la tradujo a la rutina criolla: ir a un club de barrio, sumarse a un taller de tejido, participar en un centro de jubilados o, simplemente, sostener el café de las seis. Lo dijo con una certeza que transmite experiencia: "La edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar; la posibilidad de seguir con una actividad depende de lo que permita el cuerpo y del acompañamiento médico adecuado". Marta, que sigue en su mesa del fondo mientras escribo en mi cuaderno, asiente sin levantar la mirada, como confirmando que la teoría tiene cara de vecina.

Los cuidados para no arruinar la salida

  • Usar barbijo ante cualquier síntoma respiratorio para proteger a los demás, ya que el virus se transmite por las gotitas que despedimos al hablar, toser o estornudar.
  • Lavarse las manos al llegar a casa, al llegar al trabajo y antes de comer, porque las superficies de uso cotidiano pueden contener microorganismos que después llevamos a la nariz o la boca.
  • Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas disponibles: la antigripal anual, la protección contra la neumonía y la vacuna contra el virus sincicial respiratorio, que en los mayores puede complicarse especialmente.
  • Tener en cuenta que el frío no genera infecciones por sí mismo, pero sí disminuye el movimiento de las cilias, esos pequeños filamentos que retiran secreciones de las vías respiratorias, y eso facilita la llegada de virus y bacterias.
  • Evitar los lugares cerrados con mucha gente cuando hay circulación alta de virus respiratorios, optando por espacios ventilados o reduciendo el tiempo de exposición si no es posible.

Antes de despedirse, Boskis dejó una idea que me parece clave para entender de qué habla cuando habla de envejecer bien: cuidarse no es solo una cuestión de análisis y pastillas, sino de mantener encendida la curiosidad por el otro y por el mundo. Mientras la mesa del fondo del café se vacía despacio, Marta se pone el saco y me dice, ya en la puerta, que el domingo tiene previsto almorzar con sus nietos en San Telmo. "Voy a ir con barbijo en el colectivo y con las manos bien lavadas", aclara entre risas, como si repitiera de memoria la lista que acabo de anotar. Esa imagen, la de una vecina que sale, se encuentra y vuelve a tener un porqué cada día, resume mejor que cualquier definición médica lo que el cardiólogo quiso transmitir: que la longevidad se construye, sobre todo, en esos lazos que nos obligan a salir de casa.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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