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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Nutrición y salud mental: la psicóloga que pide sumar la dieta a la consulta psicológica

Kimberley Wilson plantea que el cansancio persistente, la apatía y el ánimo bajo también requieren una evaluación que contemple carencias nutricionales. Su propuesta integra alimentación, descanso y movimiento con psicoterapia y medicamentos, según cada paciente.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad · · 2 min de lectura
Nutrición y salud mental: la psicóloga que pide sumar la dieta a la consulta psicológica

Más de 200 millones de personas en el mundo atraviesan algún trastorno de salud mental, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, y la búsqueda de respuestas suele empezar en el consultorio psicológico. La psicóloga británica Kimberley Wilson propone que esa primera entrevista no se limite a repasar antecedentes y situaciones de estrés: también debería indagar qué come, cuánto duerme y cómo se mueve quien consulta, porque algunos cuadros podrían atenuarse corrigiendo carencias concretas.

¿Por qué mirar la alimentación cuando alguien dice que está agotado?

Wilson sostiene que la fatiga que se prolonga, la apatía y el ánimo bajo pueden tener un componente nutricional que muchas veces queda fuera del radar clínico. Una persona con experiencias traumáticas probablemente necesite terapia especializada, pero alguien con anemia o con una alimentación muy restrictiva podría ver parte de sus síntomas al corregir una carencia determinada. La psicoterapia y los medicamentos siguen formando parte del abordaje cuando resultan necesarios, aclara.

Entre los nutrientes que la especialista menciona como relevantes para el funcionamiento cerebral figuran las vitaminas B3 y B12, el zinc, el selenio y los omega-3. Wilson aclara que su insuficiencia no determina por sí misma la existencia de un trastorno mental, aunque puede agravar factores vinculados con el cansancio, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo.

¿Qué alimentos recomienda y a qué prestar atención?

  • Pescados azules como sardina, salmón y caballa, por su aporte de omega-3, con al menos una porción semanal.
  • Dieta vegetariana o vegana: consultar por alternativas de suplementación con un profesional de la salud.
  • Dormir bien, moverse y evitar el sedentarismo como parte del mismo chequeo.
  • Revisar el consumo de sustancias y las fuentes de estrés laboral o personal.

El interés de Wilson por esta relación se afianzó en la prisión de mujeres de Holloway, en Londres, donde trabajó y observó dificultades de regulación emocional asociadas con carencias alimentarias. También mencionó ensayos clínicos aleatorizados realizados en cárceles que vincularon la administración de micronutrientes con menos episodios violentos, aunque aclara que esa asociación no permite explicar toda la conducta de una persona a partir de su dieta.

¿Qué falta para que esto llegue a la consulta habitual?

La especialista advierte que los efectos de los cambios de hábitos tardan en percibirse y que el proceso puede llevar meses, por lo que pide paciencia y constancia. Falta, además, que los equipos de salud mental incorporen de manera sistemática preguntas sobre alimentación y descanso, y que existan guías claras para diferenciar cuándo un síntoma responde a una carencia nutricional y cuándo remite a un cuadro que requiere psicoterapia o medicación. También admiten que el entrenamiento clínico de muchos profesionales no incluye todavía esa mirada integrada.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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