Sandra y Eleanor, las amigas de 85 años que ya dieron la vuelta al mundo y ahora planean ir a Bután
Se conocieron en una misión en Zambia, enviudaron y transformaron los viajes en un proyecto de vida. Ya recorrieron cerca de 50 países y ahora miran hacia Asia con la misma energía de siempre.

Me acomodé en el banco de la plaza, cerca del mástil, y mientras los chicos del barrio pateaban una pelota tuve enfrente a Marta, vecina de toda la vida del Pago Chico, que me contó que a los 78 años empezó a ir a clase de tango tres veces por semana. Me dijo algo que se me quedó grabado: "mientras pueda subirme al colectivo yo voy, nena". Cuando volví a leer la historia de Sandra Hazelip y Eleanor Hamby, dos amigas norteamericanas de 85 años que llevan recorridas cerca de 50 naciones juntas y que ahora planean nuevos viajes por Asia, me acordé de Marta. Y entendí que esa obstinación por no quedarse quieto, por no dejar que un número del documento decida lo que una puede hacer, no es un capricho de cuatro: es una manera de entender la vida que vale la pena contar.
Una amistad que nació en Zambia y siguió en los aviones
Sandra, médica, y Eleanor, fotógrafa documental, se conocieron durante una misión humanitaria en Zambia. Hoy viven en Texas, a unos 96 kilómetros de distancia, y con los años hicieron de los viajes el eje central de su vínculo. Las dos son viudas, madres, abuelas y bisabuelas. Cuando sus hijos ya eran independientes y la casa empezaba a quedar más silenciosa, decidieron animarse a algo que a esa edad muchos descartan de plano: una vuelta al mundo en 80 días, inspirada en la novela de Julio Verne. Para entonces tenían 81 años y ya habían hecho juntas, entre otras cosas, el recorrido por el Transiberiano.
Las viajeras le ponen nombre a ese sostén que, en general, no se ve. "Nuestras familias nos apoyaron mucho en nuestros viajes", reconocieron, aunque admiten que algunas decisiones igual despiertan miradas inquietas en sus seres queridos. A pesar de eso, siguen.
La Argentina que las marcó: Cataratas, tango y Recoleta
En 2023, Sandra y Eleanor llegaron al país y se hicieron una buena recorrida: conocieron las Cataratas del Iguazú, disfrutaron del tango, participaron de actividades rurales y visitaron el Cementerio de Recoleta. Entre los recuerdos que más destacan aparecen las pirámides de Egipto, la Gran Barrera de Coral en Australia, un vuelo sobre el Everest, la aurora boreal en Finlandia, la isla de Pascua, el Amazonas y las cataratas Victoria. Pero insisten con algo que me parece clave: los encuentros con personas locales suelen pesarles más que cualquier postal.
“Quizás avancemos más despacio, pero no queremos que un número decida lo que podemos o no podemos hacer.”Sandra y Eleanor
El mapa que les falta y la convicción de siempre
- Subir escaleras sin pensarlo y seguir navegando en cada destino.
- Practicar snorkel aunque el mar pida otro ritmo.
- Proyectar nuevos destinos: Bután, Brunéi, Laos, Timor Oriental y Filipinas.
- Sumar a la lista México, con Chichén Itzá como próxima parada.
- Viajar siempre acompañadas y a la velocidad que el cuerpo les marque, no el calendario.
Antes de cerrar la nota me volvió a llamar Marta. Me dijo que estaba armando un viaje a las Cataratas con una amiga del barrio con la que jugaba a las cartas los martes. "Yo ya fui con Sandra y Eleanor en espíritu, nena", me tiró entre risas. Y me quedó la imagen de las dos, en alguna plaza de Texas o de Pago Chico, planificando la próxima aventura con la misma energía con la que se planea una fiesta de cumple. A los 85, parece, también se puede mirar el mapa con la misma curiosidad traviesa de los quince. La diferencia es que ahora saben, de verdad, que no hay tiempo que perder.
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