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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Sarah Paulson revive a Aileen Wuornos y la cruza con Lizzie Borden en la nueva temporada de la antología de Ryan Murphy

La cuarta entrega de la serie de Netflix incorpora a la asesina serial de Florida como una presencia imaginaria en el relato de los Borden. La producción aclara que se trata de un recurso narrativo: no hay pruebas de que Wuornos haya sentido la fascinación que muestra la ficción ni de que haya pisado la casa de Fall River.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Sarah Paulson revive a Aileen Wuornos y la cruza con Lizzie Borden en la nueva temporada de la antología de Ryan Murphy

Yo suelo decir que hay frases que se quedan dando vueltas en la cabeza como un disco rayado, y una de las que más me persiguió en estos días fue la que le escuché a Sarah Paulson en una entrevista reciente, cuando contó que meterse en la piel de Aileen Wuornos fue como sentarse a tomar un café con alguien a quien el mundo le dio la espalda mucho antes de que ella le diera la espalda al mundo. Esa confesión, casi íntima, funciona como una llave para entrar a la cuarta entrega de la antología Monster, que Netflix acaba de estrenar y que vuelve a poner a Ryan Murphy en su terreno favorito: los retratos de figuras estadounidenses marcadas por el delito, la prensa y el mito.

La particularidad de esta temporada, titulada Monster: The Lizzie Borden Story, es que no se conforma con reconstruir los hachazos que Andrew y Abby Borden recibieron en su casa de Fall River en 1892. La serie decide abrir una puerta lateral y colar, dentro de ese caserón pesado de Nueva Inglaterra, a una visitante inesperada: Aileen Wuornos, la asesina serial condenada en Florida por seis crímenes cometidos entre 1989 y 1990 y ejecutada por inyección letal en 2002, a los 46 años. El cruce no es casual ni histórico, y conviene tenerlo claro antes de seguir leyendo.

Dos casos reales, una conexión inventada

Porque cuando uno se pone a mirar los papeles y los expedientes, lo que aparece es lo de siempre: los Borden fueron asesinados en 1892 en Massachusetts, Lizzie fue juzgada y absuelta, y su nombre quedó flotando en la cultura popular como un sinónimo de sospecha que nunca se terminó de apagar. Del otro lado, Wuornos mató a hombres a los que en principio describió como clientes de ruta en Florida, cambió varias veces su declaración, terminó confesando siete crímenes y recibió seis condenas a muerte. Las dos historias no se cruzaron jamás en la vida real, y la propia producción lo reconoce: no hay evidencia de que Wuornos haya sentido la fascinación que muestra la ficción, ni de que haya visitado la casa de los Borden o pasado una noche allí, como se ve en pantalla.

  • Los Borden fueron asesinados en 1892 en Fall River, Massachusetts; Lizzie fue absuelta en un juicio que dividió a la opinión pública.
  • Wuornos fue condenada por seis asesinatos en Florida entre 1989 y 1990 y ejecutada en 2002, a los 46 años.
  • La serie las une desde el cuarto episodio, con un encuentro en una carretera de 1988 y lecturas de un libro sobre Lizzie.
  • El sexto capítulo instala a Wuornos en la casa de los Borden, en un montaje que alterna con la investigación de 1892.
“Buscábamos darle un cierre a Aileen, aunque no fuera feliz, porque su historia real no se lo dio.”Ian Brennan, cocreador de la antología

Esa declaración de Ian Brennan, que viene acompañando cada lanzamiento de la franquicia,resume la intención del cruce: ofrecerle al personaje de Wuornos un final que la realidad le negó, aunque ese final sea sombrío y esté atravesado por la presencia fantasmal de Lizzie. En la serie, Wuornos aparece leyendo un libro sobre los Borden junto a su novia, se obsesiona con el caso y termina recalando en la casa de Fall River como si el siglo XIX y el XX pudieran conversar en el mismo living. Es un recurso narrativo, y la producción lo trata como tal, pero también es una decisión que obliga a hacerse la pregunta incómoda que sobrevuela toda la temporada.

A mí, que llevo años siguiendo este tipo de ficciones basadas en casos reales, lo que más me interesa es discutir qué lugar deberían tener estas licencias en las series que se presentan como reconstrucciones históricas. Porque cuando una plataforma enorme como Netflix decide unir a dos mujeres que nunca se conocieron, no lo hace en el vacío: lo hace en un mercado que consume true crime a una velocidad que a veces asusta, y en un contexto donde la frontera entre lo documentado y lo inventado se vuelve cada vez más difusa. Mi postura, se los confieso, es conciliadora pero no ingenua: me parece válido que una serie tome licencias para hablar de la soledad, el abandono y la violencia que rodearon a ambas, siempre y cuando no se haga pasar la imaginación por archivo. Y en esa línea, la temporada cumple: deja claro, en cada episodio, que la conexión entre Lizzie y Aileen es una invención buscada, no un descubrimiento.

Una recomendación para ver la serie sin perder de vista los hechos

Si me permiten un consejo desde esta columna, yo les diría que se acerquen a esta cuarta entrega como lo que es: una pieza de la maquinaria de Ryan Murphy, con su estética recargada, sus actuaciones brillantes y su tendencia a estirar los hechos hasta el límite. Sarah Paulson, otra vez, es lo más interesante de la función: compone a Wuornos con una fragilidad que incomoda, como si la estuviera protegiendo del propio guion. Y Lizzie Borden, interpretada por Ella Beatty, queda como un espejo roto donde la asesina serial se mira. Verla está bien, conversar sobre ella está mejor, pero no confundir la novela con el expediente es, para mí, la mejor manera de disfrutar la serie sin dejar que nos cuente la historia por nosotros.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos

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