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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Wings of Theve: cuando el cielo es solo una parte de la guerra

La octava entrega de Ace Combat se anima a bajar del cockpit y mostrar la vida a bordo del portaaviones Endurance. Misiones en el aire, decisiones en cubierta y una historia que hereda el peso de un símbolo de resistencia.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Wings of Theve: cuando el cielo es solo una parte de la guerra

Hay una frase que los pilotos de caza suelen repetir y que, aunque no la escuché dentro del juego, me quedó dando vueltas mientras pensaba en esta nota: en la guerra no se lucha solo contra el enemigo, se lucha contra el silencio que queda después. Esa tensión, la de lo que pasa entre misión y misión, es justamente el corazón que Ace Combat 8: Wings of Theve se animó a poner sobre la mesa, un giro inesperado para una saga que suele vivir mirando el horizonte desde la cabina de un caza.

El material de la saga siempre fue un festejo de la aerodinámica y la pericia del jugador, pero esta entrega, desarrollada por el estudio japonés Project Aces, propone algo distinto: repartir la experiencia entre el fragor de los combates aéreos y la rutina mucho más silenciosa que se vive a bordo del portaaviones Endurance, que funciona como base de operaciones y, al mismo tiempo, como refugio para civiles que escaparon de la invasión. Esa convivencia, que a primera vista parece un simple adorno, termina siendo el motor emocional del relato.

La cubierta como escenario principal

Entre combate y combate, el jugador recorre comedores, hangares, espacios de reunión y la propia cubierta del portaaviones. Las acciones disponibles ahí son bastante limitadas: mirar alrededor y completar alguna interacción puntual. No hay minijuegos ni mecánicas complejas escondidas en estos pasillos. Y sin embargo, el material de la propia entrega les reserva un lugar clave: son estos pasajes los que permiten conocer a quienes acompañan al protagonista y entender las consecuencias humanas del conflicto que se vive en las alturas.

  • Observar el entorno y descubrir detalles de la vida a bordo del Endurance.
  • Conversar con los integrantes del Vuelo Joker, el escuadrón protagonista.
  • Atravesar escenas que muestran el impacto de la guerra en los civiles refugiados.
  • Sumar contexto emocional entre una misión de combate y la siguiente.

Antes de volver a despegar, hay que tomarse un tiempo en los preparativos. El sistema de misiones mantiene la organización clásica de la saga: se eligen objetivos, se revisa el parte y se pasa por el hangar para definir aeronave, armamento y piezas. Los puntos obtenidos al completar cada salida sirven después para comprar equipamiento nuevo y ampliar el hangar propio. Las decisiones que se toman en ese momento no son menores: cambian la capacidad de carga, el daño de las armas y hasta el comportamiento general de la nave en el aire.

Un escuadrón que se configura como uno quiere

Una de las novedades más celebradas por los seguidores tiene que ver con los compañeros de vuelo. En Wings of Theve es posible configurar los aviones de los integrantes del Vuelo Joker o, si el jugador lo prefiere, dejar que el propio juego les asigne una combinación adecuada. Esa flexibilidad se nota tanto en misiones defensivas, como la protección del propio portaaviones, como en ofensivas contra aeródromos enemigos, escoltas de aeronaves amigas o destrucción de transportes.

Para los que quieran sentir el rigor de la cabina, la entrega ofrece un esquema Experto de control que permite manejar los tres ejes de rotación del avión, una capa de complejidad extra para quienes ya conocen los controles estándar. En el fragor de los enfrentamientos aparecen viejas conocidas de la saga: evasión de misiles, uso de armas especiales contra múltiples blancos y ataques con ametralladora que exigen medir bien la distancia antes de apretar el gatillo.

La historia, hay que decirlo, no exige haber jugado Ace Combat 7. Aunque arranca unos diez años después de aquella entrega, puede seguirse sin problemas como una propuesta autónoma. El punto de partida es la invasión de Sotoa a la Federación de Usea Central y la caída de su capital, Theve. Las fuerzas que quedan en pie se replegaron al Endurance y desde ahí resisten. El protagonista es un piloto rescatado del mar que termina heredando la identidad de un supuesto as de combate, una figura que se convierte en símbolo y sobre la que la propaganda construye un relato. Esa tensión entre el hombre y el mito recorre toda la trama.

Si me preguntan a mí, que sigo esta saga desde sus horas más luminosas, lo más interesante de Wings of Theve no está en su hangar ni en su arsenal. Está en esos minutos donde el caza está apagado, donde los pilotos se cruzan en un pasillo, donde un civil mira el mar y uno imagina qué lo trajo hasta ahí. Les recomiendo entrar al Endurance con paciencia, dejarse llevar por las conversaciones y no apurar el despegue: en esas pausas, esta entrega encuentra una humanidad que el fragor del combate, por más espectacular que sea, no podría mostrar jamás.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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