Seis años colgado del vacío: la promesa eterna de Deathstroke que Joe Manganiello nunca pudo cobrar
El actor que iba a ser el gran villano del Batman de Ben Affleck repasa, en una entrevista con Rich Roll, la cadena de proyectos que le ofrecieron y ninguno se concretó. Una herida abierta del DC de la era Warner que reabre el debate sobre cómo seplanteron los antagonistas del universo extendido.

Lo dijo el propio Joe Manganiello con la mezcla de ironía y cansancio que solo da el paso del tiempo: durante seis años no pararon de lloverle proyectos y llamadas a su representante, una tras otra, como una lotería que nunca termina de salir. Y uno recuerda, inevitablemente, esa frase de Charly García cuando cantaba que todo está en su lugar y yo acá sin Pecar, porque la espera indefinida se parece mucho a ese sinsentido: proyectos anunciados, reuniones canceladas, versiones que se desmienten a las pocas horas. La historia de Slade Wilson, el Deathstroke que nunca fue, es el retrato más descarnado de una etapa del universo extendido de DC que se desangró entre bambalinas.
El punto de partida fue breve y, en retrospectiva, engañoso. En la escena poscréditos de Liga de la Justicia (2017), la versión rehecha por Joss Whedon tras el apartamiento de Zack Snyder, Manganiello aparecía como el mercenario con el ojo cubierto, dispuesto a aliarse con Lex Luthor. La promesa era enorme: iba a ser el villano principal de la película individual de Batman que Ben Affleck iba a dirigir y protagonizar. Cuando ese filme se cayó, se cayó con él todo lo demás, y el personaje quedó flotando en un limbo corporativo que el actor describe con mucha crudeza.
“¿Tengo suerte o mala suerte? Tengo suerte de haber conseguido ese papel, pero en aquel momento me sentí con mala suerte porque me dieron ese proyecto que luego se canceló y se esfumó.”Joe Manganiello, en el podcast de Rich Roll
Una cadena de promesas que no se concretaron
- Villano en Aquaman 2, una idea que se barajó y se descartó sin explicación pública.
- Apariciones en distintas versiones de Escuadrón Suicida 2, con cambios de director que nunca terminaron de cristalizar.
- Un duelo en pantalla contra Will Smith como Deadshot, que quedó en carpeta.
- Una película independiente centrada en Deathstroke, la apuesta más ambiciosa, que jamás pasó de la conversación.
El inventario duele porque se lee como el libreto de un estudio que improvisaba sobre la marcha, más ocupado en anunciar movimientos de tablero que en concretarlos. Manganiello reconoce sentirse afortunado por haber quedado en la foto original, pero la acumulación de anuncios vacíos lo dejó con esa sensación agridulce que él mismo define en la entrevista: ganar un premio que después te descubren falso. El universo extendido de DC cerró su ciclo en 2023 con Aquaman y el reino perdido, y Slade Wilson nunca volvió a aparecer de manera significativa en la pantalla grande.
Mientras tanto, la vida sigue y el actor sigue adelante: tiene en carpeta un papel de peso en la próxima temporada de One Piece, la serie de acción real de Netflix, donde se meterá en la piel de Sir Crocodile, otro antagonista histórico, esta vez del mundo del manga. Dicen que el guion le llegó como un suspiro después de seis años de llamadas sin destino, y no cuesta entender por qué lo tomó como un balsa.
Si me preguntan a mí, lo de Manganiello es la mejor postal de lo que estuvo mal en esa etapa de DC: villanos presentados como inminente amenaza y después olvidados en un cajón, proyectos que se movían al ritmo de las internas corporativas y no de la historia. Deathstroke merecía una película y, sobre todo, un plan. Mientras tanto, recomiendo volver a buscar esa escena poscréditos de Liga de la Justicia para entender de dónde venimos y por qué duele tanto este final sin película.
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