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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Tartas de verduras que no empapan: el arte de cuidar la masa y jugar con el relleno

Zapallitos, espinaca, calabaza y choclo se ofrecen como aliados de una comida casera que se reinventa según la heladera y la estación. La clave está en el manejo del agua de los vegetales y en la mano justa con los quesos y el huevo para que la base no termine convertida en un disgusto.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Tartas de verduras que no empapan: el arte de cuidar la masa y jugar con el relleno

Cada vez que abro la puerta de la cocina y aparece un zapallito verde y brillante, me acuerdo de esas tardes de mi infancia en las que mi madre horneaba una tarta que olía a domingo. Era una preparación sencilla, sin demasiados secretos, pero siempre le salía bien. Con el tiempo entendí que el verdadero truco no estaba en la masa ni en el queso, sino en algo mucho más humilde: aprender a sacarle el agua a las verduras. Porque, como me gusta repetir cada vez que me toca cocinar para la familia, una tarta de verduras no se hace sola, se construye con paciencia, y el primer paso empieza mucho antes de encender el horno.

En el universo de las tartas caseras, los zapallitos, la espinaca, la calabaza y el choclo se llevan todos los aplausos. Cada uno tiene su carácter y, sobre todo, su propia forma de soltar líquido. Los zapallitos, por ejemplo, conviene cocinarlos en una sartén destapada para que el agua se evapore sin sobresaltos, y después dejarlos escurrir con cuidado antes de mezclarlos con el resto del relleno. La calabaza, en cambio, se presta a una cocción más noble, en horno, que concentra su dulzor natural y permite combinaciones que en la sartén serían de conseguir.

Combinaciones que sorprenden en la mesa

  • Calabaza asada con espinaca y ricota: un clásico que se reinventa con el dulzor de la calabaza y la frescura de la ricota.
  • Calabaza con tomates salteados y almendras tostadas: las almendras aportan una textura crocante que cambia por completo el plato.
  • Espinaca y ricota en formato cilindro, cerrada como un pionono, siempre que el relleno tenga la firmeza necesaria para sostenerse.
  • Espinaca con choclo, sin masa, para quienes buscan algo distinto y rápido de resolver.

El salteado de cebolla, ajo y morrón cortados chiquitos, con un chorrito de aceite, es ese punto de partida que nunca falla. Después llegan los ingredientes que dan cuerpo: huevo, mozzarella, ricota, queso cremoso, un poco de parmesano o algún semiduro. El queso untable también tiene su lugar y aporta cremosidad, igual que unas cucharadas de crema de leche. En materia de condimentos, la pimienta, la nuez moscada, el pimentón, un toque de curry y las hierbas frescas son aliados a los que vale la pena recurrir para variar el relleno sin tener que cambiar toda la preparación.

La masa, ese gran protagonista

A la hora de la base, hay dos caminos que se transitan sin culpa. Con una tapa comprada, alcanza con cubrir el molde, distribuir el relleno y llevar al horno hasta que el fondo y los bordes se doren como corresponde. Para los que se animan a la masa casera, una mezcla de harina, agua, aceite y sal da como resultado una masa rústica, sin amasado prolongado y con todo el sabor de lo hecho en casa. Se le pueden sumar hierbas frescas o semillas de sésamo, chía, lino o girasol, que además de sumar textura dejan la superficie más vistosa.

“Una tarta de verduras no se hace sola, se construye con paciencia.”Silvia Ferraro

Para organizar el resto de la semana, las tartas se prestan a un truco que en casa nunca falla: se cortan en porciones, se envuelven bien y se llevan al freezer. Cuando llega la hora de comer, se calientan y listas, una misma preparación resuelve más de una comida. También es una excelente manera de aprovechar esas verduras cocidas que quedaron de otra receta, combinándolas con lo que haya a mano en la heladera y ajustando los condimentos hasta dar con el punto justo.

Mi recomendación, si me permiten el consejo de alguien que ya lleva varias décadas probando tartas, es animarse a perderle el miedo al zapallito bien escurrido, dejarse tentar por la calabaza asada y, sobre todo, no tenerle respeto a la masa casera. Con un poco de práctica y la verdura bien tratada, el resultado siempre vale el esfuerzo, y la mesa lo agradece con esa calidez que solo tiene la comida hecha en casa.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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