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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Tres viajes a Malvinas para contar lo que casi nadie cuenta: la vida de los kelpers detrás de la guerra

El cineasta Pablo Aparo convivió cinco meses con los habitantes de las islas y registró su mirada sobre el conflicto de 1982. Su documental "Los vencedores" pasó por el BAFICI, el Malba y sigue en salas de cuatro ciudades argentinas.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 4 min de lectura
Tres viajes a Malvinas para contar lo que casi nadie cuenta: la vida de los kelpers detrás de la guerra

Son las cinco de la tarde en el centro de Lanús y el colectivo de la línea 160 pasa casi vacío por la avenida Hipólito Yrigoyen. En la puerta de un antiguo cine de barrio, todavía con la marquesina encendida, un grupo de vecinos se acerca al puesto de revistas donde trabaja Marta, que vive a dos cuadras, en Villa del Plata, y que arrastra desde chica la costumbre de preguntar por todo. Marta me dice, mientras acomoda los diarios de ayer, que fue a ver el documental el jueves pasado y que salió del cine con una sensación rara, como de haber caminado durante hora y media por un lugar del que solamente había escuchado hablar en los noticieros de la Guerra de Malvinas. Esa sensación, justamente, es la que el director Pablo Aparo buscó provocar con su película "Los vencedores", un trabajo que se sumerge en la vida cotidiana de los kelpers, los casi 3.500 civiles que habitan las islas Malvinas, y en su particular manera de mirar el conflicto de 1982 que casi nadie en la Argentina suele escuchar.

Aparo tiene 40 años, es porteño y antes de embarcarse en este proyecto apenas había cruzado un par de veces al sur del continente para filmar cortos sobre la Patagonia. Lo que lo empujó a comprar un pasaje hacia las islas fue una pregunta tan simple como incómoda: si en Malvinas hay una base militar con tantos efectivos como civiles viven en el archipiélago, ¿cómo se convive día a día con esa presencia, cómo se hace la compra en el supermercado, cómo se manda a los chicos a la escuela, cómo se toman unas cervezas en el pub del pueblo cuando a pocos kilómetros hay un enclave militar de ese porte? La respuesta la fue a buscar en persona, tres veces: la primera en 2020, durante apenas diez días; después en 2023 y por último en 2024, sumando entre los dos últimos viajes cinco meses de convivencia, de mates compartidos, de silencios y también de algún portazo en la cara.

Una invitación inesperada y un permiso que costó

Para empezar a filmar Aparo tuvo que pedir autorización a la Administración de Malvinas, un trámite que describe como largo y con idas y vueltas, y una vez que logró el permiso se topó con una realidad muy distinta a la que imaginaba cuando armaba el proyecto desde Buenos Aires. No todos los kelpers querían una cámara argentina en su casa. Algunos colaboraron con buena predisposición, otros directamente le pidieron que apagara el equipo o le franquearon la entrada a ciertos espacios, y hubo quienes ni siquiera le abrieron la puerta. La excepción fue Matt, un terrateniente que maneja una estancia enorme en medio de las montañas y que es conocido en las islas por expresar sin tapujos su rechazo hacia la Argentina. Aceptó la propuesta y esa misma tarde, cuenta el director, ya estaba durmiendo en su granja, sin entender bien todavía en qué se había metido.

La convivencia con Matt se transformó en el eje narrativo de "Los vencedores". Y uno de los momentos más tensos de la película, según coinciden quienes la vieron, se produce cuando ambos van juntos al Salón de la Pradera del Ganso, un espacio donde durante mayo de 1982 el Ejército argentino mantuvo encerrados a varios isleños, entre ellos el propio Matt y su familia, durante semanas. La presencia de un argentino en ese lugar generó que varios asistentes se levantaran y se fueran, una escena que el documental registra sin cortar y que deja al espectador con la respiración contenida.

“Yo entré al cine pensando que ya sabía todo sobre Malvinas y salí entendiendo que hay una historia entera que no conocía, la de la gente que vive ahí, con sus rencores y sus generosidades, y eso te cambia un poco la cabeza.”Marta, vecina de Villa del Plata, Lanús

Antes de ir a buscarla a la puerta del cine, le pregunté a Marta qué fue lo que más le había quedado dando vueltas de la película, y me respondió sin dudarlo que las cartas y la ropa encontrada en los galpones, esos pequeños detalles que muestran hasta qué punto la guerra fue algo mucho más desordenado y mucho más humano que lo que aparece en los manuales escolares. Le pregunté también si cambiaría algo en su manera de mirar el conflicto ver la historia desde la perspectiva de quienes viven allí, y se quedó pensando un rato largo, con las manos todavía apoyadas en los diarios, hasta que dijo, despacio, que cambiar no era la palabra exacta, pero que sí le había servido para entender que la mirada argentina sobre Malvinas nunca es la única, y que eso, en estos tiempos, ya es bastante. Como Hernán Quiroga, de la sección Sociedad y barrios, me vuelvo a casa con la sensación de que a veces las mejores preguntas sobre temas que parecen cerrados se hacen a 800 kilómetros de la costa, en un lugar donde el viento corta la cara y la memoria sigue siendo una materia viva.

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