Un museo escondido entre los cerros de Tilcara que se descubre caminando la quebrada
Sin un solo cartel que lo anuncie desde la ruta, el Museo Entre los Cerros lleva más de una década creciendo a fuerza de boca en boca, cartas a colegas y visitas inesperadas que hoy llegan desde todo el país.

Son las once de la mañana y la quebrada de Huichaira todavía está fresca, con ese frío seco que se pega en la cara apenas uno baja de la combi que viene desde Tilcara. No hay un cartel en la ruta 9 que avise lo que viene después, ni un poste de luz con un flechazo pintado, ni un banner colgado de un alambrado. El museo al que vamos a entrar no se anuncia: se descubre, y esa es justamente la idea que tuvo su fundador cuando lo levantó con sus propias manos en una pared de adobe pegada al cerro.
Una casa de barro que se volvió museo
El fotógrafo Lucio Boschi, nacido hace 60 años en la provincia de Buenos Aires, llegó a la zona siguiendo el cauce del río Huichaira, se topó con una formación del paisaje que lo dejó sin palabras y decidió comprar un terreno. Primero construyó una casa de barro para vivir, después le fue sumando salas hasta convertir el lugar en el Museo Entre los Cerros (MEC), un espacio dedicado por entero a la fotografía argentina y latinoamericana que funciona desde 2012 a 2.700 metros de altura.
“La arquitectura de adobe deja entrar la luz natural a las salas y hace que el entorno forme parte de la experiencia, algo que en una galería de cemento de cualquier capital sería imposible de conseguir.”Recorrido por el MEC
La colección permanente no se armó con dinero ni con managers: se armó con cartas. Boschi les escribió a colegas que había conocido en años de trabajo internacional, a galerías y a coleccionistas, y les pidió obras donadas para un museo que todavía no existía más que en su cabeza. Le dijeron que sí figuras como Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros.
- Colección permanente de fotografía argentina y latinoamericana reunida por donaciones de los propios autores.
- Biblioteca, talleres y residencias artísticas abiertas a la comunidad.
- Programa gratuito de formación para jóvenes fotógrafos de las provincias.
- Visitas guiadas y recorridas sin reserva, con ritmo lento y bancos para detenerse en cada sala.
- Acceso por la ruta 9 desde Tilcara; el GPS no siempre está actualizado en los tramos finales.
Al principio, cuenta quien lo visita seguido, no llegaba nadie. Los primeros en cruzar la puerta fueron los chicos de la escuela vecina, después los guías locales, más tarde grupos de fotógrafos y, con los años, curadores y directores de museos internacionales de primer nivel que se fueron enterando de boca en boca. Esa lógica se mantiene: el museo sigue sin publicidad y sigue convocando público de todo el país.
Un punto de encuentro en medio de la nada
Hoy el MEC ofrece mucho más que una colección colgada en paredes de adobe. Funciona como biblioteca, como sede de talleres y como punto de encuentro para la comunidad de Huichaira, donde los vecinos se acercan a charlar, a participar de las residencias o a sumarse al programa gratuito de formación que cada año convoca a jóvenes fotógrafos de las provincias del norte y de otras regiones del país. Para visitarlo conviene ir con tiempo: las salas invitan a caminar despacio, a sentarse en los bancos que hay junto a las obras y a dejarse ganar por la luz que entra desde los cerros. Yo lo conocí de la mano de Marta, una vecina de Tilcara que me lo recomendó tomando mates en la plaza, y cuando me fui entendí por qué nadie quiere ponerle un cartel en la ruta: porque encontrarlo, aunque sea un poco de casualidad, es ya parte de la visita.
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