Una caída en el Bayo que volvió a poner sobre la mesa los protocolos de seguridad en nieve profunda
El incidente que protagonizó un referente del snowscoot y el snowbike afuera de las pistas balizadas del Cerro Bayo reavivó un debate clave entre instructores y guías de montaña: cómo debe reaccionar el grupo ante un accidente en nieve polvo y por qué la respuesta de los primeros minutos puede marcar la diferencia.

Son las cinco de la tarde en Villa La Angostura y la rutina del Cerro Bayo empieza a apagarse. Los lifts dejan de girar, los últimos riders bajan por la pista principal y, un poco más allá del límite de los carteles naranjas que marcan el final del dominio esquiable, todavía hay alguien trazando líneas sobre la nieve polvo. En ese fuera de pista, a metros de los cañadones que bajan hacia el lago, el deportista Mirko Luqe, referente argentino del snowscoot y el snowbike, perdió el control de su equipo y se fue varios metros ladera abajo. Salió ileso, pero la caída dejó una postal que los guías de montaña suelen repetir cada temporada.
Porque el snowscoot y el snowbike no son un capricho estético ni una rareza de Instagram: son dos variantes del mountain bike adaptadas a la nieve, que combinan la geometría y el manejo de una BMX con el deslizamiento del snowboard. La rueda delantera se reemplaza por un esquí corto y la trasera por una tabla, y eso le permite al rider meterse en pendientes empinadas y en nieve no compactada. Luqe, que vive en la zona y conoce cada pliegue del Bayo, suele repetirlo en sus clases: estas disciplinas piden nivel técnico alto y, sobre todo, lectura de terreno. Cuando el terreno te gana, la caída no avisa.
Lo que pasó en la pendiente y por qué importa
Lo que se vio en la montaña aquella jornada fue una caída en nieve polvo profunda, el escenario más amable para caer y el más traicionero a la vez. La nieve polvo amortigua el golpe, pero también envuelve al rider en segundos. Luqe se detuvo varios metros abajo, se sacudió la nieve y volvió a subir por sus propios medios. No hubo que lamentar lesiones, y eso es lo primero que resaltan los rescatistas cuando se repasa el episodio: que un final así no es la norma cuando la nieve se traga a una persona.
Por eso, cada vez que un instructor de fuera de pista cuenta una historia como esta, lo hace para hablar de lo que vino después de la caída. Los manuales de seguridad que se enseñan en los cursos de avalanche rescue son bastante claros al respecto, y los guías de alta montaña los repiten hasta el cansancio: en terreno no balizado, la primera obligación de cualquier integrante del grupo es verificar el estado del compañero caído antes de seguir bajando. Parece obvio, pero el instinto muchas veces empuja a hacer lo contrario: a seguir de largo, a llegar abajo primero, a filmar.
Qué hacer en los primeros minutos si alguien cae
Lo que establecen los protocolos básicos de seguridad en nieve fuera de pista es un orden de acciones muy simple y muy difícil de cumplir bajo presión. Primero, el grupo se detiene. Segundo, se establece contacto visual o verbal con el accidentado. Tercero, si no hay respuesta inmediata, el grupo se acerca para evaluar el estado del caído. Esto último es clave en nieve polvo profunda: una persona puede quedar parcialmente enterrada y, en pocos minutos, entrar en una situación de asfixia mecánica sin que nadie la vea. El reloj corre más rápido de lo que uno cree cuando la nieve te tapa la cara.
El Cerro Bayo, con su cabecera en Villa La Angostura, ofrece pistas balizadas para esquí y snowboard, pero también una zona de nieve virgen enorme a la que acceden riders y esquiadores experimentados fuera del dominio controlado. Es el lugar donde Luqe entrena, donde muchos instructores dan clases avanzadas y donde, cada invierno, algún grupo termina aprendiendo a la fuerza lo que dice la teoría. La recomendación de los guías consultados suele ser la misma: no salir sin al menos tres personas, no salir sin equipo de rescate y no salir sin avisar. Tres condiciones que, según cuentan, se saltean más seguido de lo que uno imagina.
Después del susto, me crucé a Mirko en el estacionamiento del centro de ski, acomodando su snowscoot en la caja de la camioneta como si nada hubiera pasado. Le pregunté qué le quedó dando vueltas en la cabeza después de la caída y, antes de subirse al vehículo, me miró y dijo, casi como pidiendo que quedara por escrito: 'Lo más importante no es cómo caés, sino lo que hace tu grupo en los primeros treinta segundos. Si todos saben qué hacer, el resto sale solo'. Lo dejé cerrando la puerta, con la nieve todavía en los bordes del guardabarros, y me volví pensando que esa frase, en este cerro y en cualquier montaña, vale más que cualquier curso express.
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