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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una comadreja enana se metió en la leña de una casa de Cutral Co y el protocolo para estos casos volvió a escena

El equipo de Guardafaunas de Picún Leufú la evaluó y la liberó en su ambiente natural. Una historia mínima que reabre el debate sobre qué hacer cuando la fauna silvestre se cruza en la vida cotidiana de un barrio.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 4 min de lectura
Una comadreja enana se metió en la leña de una casa de Cutral Co y el protocolo para estos casos volvió a escena

Me lo cuenta Eduardo mientras toma mate en la vereda, todavía con la sorpresa pegada en la cara: el jueves pasado, en una casa cualquiera de Cutral Co, los dueños de la vivienda empezaron a mover la pila de leña y se toparon con una visitante inesperada, una comadreja enana que se había escondido ahí sin pedir permiso. La escena es chica, de barrio, de esas que cualquiera puede imaginar mirando por la ventana, pero lo que vino después es lo que vale la pena contar, porque reabrió una pregunta que muchos vecinos se hacen en silencio: qué se hace cuando aparece fauna silvestre en el patio o adentro de la casa. La respuesta, en este caso, fue la correcta: no la tocaron, dieron aviso, y dejaron trabajar a los que saben.

El animal en cuestión es un marsupial autóctono de los ambientes áridos y de estepa que caracterizan a Neuquén. Su nombre técnico es Thylamys pallidior, pero en la conversación de barrio se lo conoce como comadreja enana o, por su tamaño, suele prestarse a confusión con un ratón común. Nada que ver: pertenece a las comadrejas americanas, un grupo distinto al de los roedores. Mide entre 8,5 y 12 centímetros, pesa entre 15 y 36 gramos, tiene pelaje grisáceo, vientre claro y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan una pinta inconfundible cuando uno se toma el tiempo de mirarla. Es nocturna, discreta, rara de ver, y se alimenta de insectos, frutos y pequeños animales. Lo más llamativo, para mí, es un detalle que parece menor y no lo es: tiene cola prensil y ahí mismo, en esa cola, acumula reservas de grasa para atravesar los períodos de frío y de escasez. Un animalito preparado para sobrevivir en zonas donde el invierno no tiene contemplaciones.

Lo que pasó después del llamado

Acá entra lo que a mí, como vecino que intenta entender cómo funcionan estas cosas, me parece lo más rescatable de toda la historia. Cuando los habitantes de la casa encontraron a la comadreja, hicieron exactamente lo que hay que hacer: no la manipularon, no la retuvieron ni intentaron hacerla entrar en razón. Llamaron a la autoridad competente. En este caso respondió el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú, que se acercó hasta Cutral Co, hizo una evaluación veterinaria con un protocolo de manipulación mínima y confirmó que el ejemplar estaba en perfecto estado de salud. Minutos después, lo liberaron en su hábitat natural. El episodio no pasó a mayores porque alguien, en una casa particular, tomó la decisión correcta.

El protocolo que siempre se repite

  • No manipular al animal bajo ninguna circunstancia, aunque parezca inofensivo o esté herido.
  • No intentar retenerlo ni, mucho menos, criarlo como mascota en la casa.
  • Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna más cercana, sea municipal, provincial o un equipo de guardafaunas.
  • Evitar alimentarlo o darle agua: una dieta equivocada puede matarlo.
  • No devolverlo por cuenta propia a otro sitio: cada especie tiene su microhábitat.
“La fauna silvestre no es mascota. Protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén

Hay algo que la propia Dirección Provincial de Fauna de Neuquén se encarga de repetir cada vez que puede y que vale la pena subrayar: el contacto directo, aunque esté lleno de buenas intenciones, puede estresar al animal, transmitirle enfermedades o, lo que es peor todavía, acostumbrarlo a la presencia humana, algo que en la práctica le reduce de manera drástica las chances de sobrevivir cuando vuelve a la libertad. Dejar que los profesionales intervengan no es lavarse las manos: es, paradójicamente, la forma más activa de ayudar. Cuando un animal silvestre aparece en la vida cotidiana de un barrio, lo más humano que puede hacer un vecino es correrse del medio y avisar a quien corresponde. El final de esta historia es simple y, por eso mismo, reconfortante: la comadreja enana ya está de vuelta en la estepa, donde le corresponde estar. Eduardo, en la vereda, todavía se ríe de la cara que puso su mujer cuando la vio entre los troncos. La fauna silvestre, mientras tanto, sigue cruzándose con nosotros, a veces sin pedir permiso, casi siempre sin que nos demos cuenta.

¿Te pasó alguna vez encontrarte con un animal silvestre cerca de tu casa? ¿Qué hiciste, a quién llamaste, cómo te fue? Lo que cuentes puede servirle al que le toque la próxima vez.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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