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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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El bosque de los troncos canela: una caminata que empieza en el agua y termina entre arrayanes

En la península de Quetrihué, a unos 470 kilómetros de Neuquén capital, crece una de las concentraciones más notables de arrayanes de la Patagonia. Cómo llegar, qué llevar puesto y qué mirar durante la recorrida.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
El bosque de los troncos canela: una caminata que empieza en el agua y termina entre arrayanes

A esta altura ya lo sabemos: cuando uno se planta en la costanera de Villa La Angostura y mira hacia el lago Nahuel Huapi, la primera tentación es subirse a un catamarán y dejar que la proa vaya abriendo el agua en dirección a la península de Quetrihué. Ahí adelante, después de unos quince minutos de navegación, se esconde una de las postales más raras que ofrece la Patagonia argentina, un bosque entero de árboles con troncos color canela, lisos como si alguien les hubiera pasado una lijadora con paciencia de relojero. Yo lo recorrí hace ya un tiempo, y la imagen se me sigue pegando cada vez que alguien me pregunta qué hacer en la zona. Te lo cuento como lo viví, con el mismo desorden con el que uno vuelve de un viaje y trata de explicárselo a un amigo.

Un bosque que parece de otro continente, pero está a pocas horas de Neuquén

El protagonista absoluto del lugar es el arrayán, un árbol nativo de los bosques templados patagónicos cuyo nombre científico es Luma apiculata. Lo que llama la atención no es su altura ni su follaje, sino la corteza: se desprende en placas finas y deja al descubierto una paleta que va del canela al rojizo, con vetas anaranjadas que cambian de tono según la humedad y la luz. Cuando el sol se cuela entre las hojas, hay sectores del bosque que parecen encenderse desde adentro, como si alguien hubiera puesto una lámpara debajo de la corteza.

La especie aparece en distintos puntos de los bosques andino-patagónicos, pero la concentración y el porte que alcanza en Quetrihué hacen de este paraje algo excepcional. Los arrayanes conviven con otras especies del bosque andino y forman parte de un ecosistema que rodea la península por sus costas lacustres, todo dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi.

Dos formas de llegar, y una tercera que combina las dos

  • A pie o en bici por el sendero que sale desde Bahía Mansa y se interna de manera progresiva en el bosque, atravesando distintos ambientes naturales. La modalidad habilitada (peatonal o con mountain bike) cambia según la temporada, así que conviene chequear antes de salir.
  • En excursión lacustre por el Nahuel Huapi. Desde el agua se ve la cordillera, la costa boscosa y la península como una sola escena continua, algo que desde tierra no se aprecia de la misma manera.
  • Combinando ambas: se puede ir caminando y volver en barco, o al revés. Es la opción que más recomiendo, porque permite ver el bosque desde los dos ángulos.

Desde Neuquén capital el camino es claro: ruta nacional 22, después la 237 y finalmente la ruta nacional 40. Son unos 470 kilómetros que se hacen sin grandes sobresaltos, con el paisaje cordillerano que va cambiando a medida que uno se acerca a Villa La Angostura.

Antes de subir al micro o al auto: tres cosas que no hay que dejar de chequear

  • Estado de las rutas y del clima. En invierno y parte de la primavera la nieve puede complicar el acceso terrestre a la villa, y también la navegación lacustre.
  • Disponibilidad de los servicios de navegación, que varían según la temporada y las condiciones del lago.
  • Cartelería del Parque Nacional. El recorrido responsable incluye caminar sólo por los senderos habilitados, no llevarse ni una corteza, ni una rama, ni una piedra, y llevarse los residuos.

Hace un rato, mientras escribía esta nota, me crucé en la plaza del barrio con Marta, que vive en Villa Belgrano y va todos los años a Villa La Angostura con la familia. Le pregunté qué era lo que más le gustaba del bosque y me dijo, sin dudarlo: la tranquilidad. Que una vez que uno se interna en el sendero, con el ruido del agua de fondo y esos troncos tan raros alrededor, se siente como si el tiempo aflojara un poco. Me quedé pensando que, en el fondo, eso es lo que termina buscando la gente que viaja hasta allá: un lugar donde la Patagonia se muestra sin apuro.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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