El control de la presión arterial: un trámite de cinco minutos que puede cambiar una vida
En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez lo sabe. Medirse la presión de forma periódica y sostener hábitos saludables son las dos llaves para detectar a tiempo una condición que suele avanzar en silencio.

Son las nueve de la mañana en la puerta del Centro de Salud número 60 del barrio de Saavedra, en esta zona, y la señora Marta, que hace fila para su turno de clínica médica, me dice algo que me queda resonando mientras le tomo el tiempo al movimiento de la calle: «Yo vengo a que me controlen la presión, no porque me duela nada, sino porque mi marido terminó internado por un pico de presión que parecía una gripe». La frase, que parece simple y hasta menor, resume buena parte de lo que la medicina viene repitiendo hace años y que muchas veces se pierde entre la rutina de la semana: la hipertensión arterial es una condición que puede desarrollarse sin dar señales claras en sus primeras etapas, y esperar a que aparezca un síntoma para ocuparse de ella es, en general, esperar demasiado.
La medición es un procedimiento sencillo, no produce dolor y demanda poco tiempo. Su utilidad principal está en identificar la presión elevada antes de que se manifiesten complicaciones cardiovasculares, renales o de otro tipo, y la firmeza está en confiar en que esa detección temprana es la mejor herramienta de prevención que existe para esta enfermedad. Vale insistir en algo que parece obvio y que sin embargo muchos lectores subestiman: la ausencia de malestar no es un dato confiable sobre cómo están los valores, y para conocerlos de verdad hace falta medirlos, con un tensiómetro validado, en condiciones adecuadas y con la periodicidad que indique el profesional de cabecera según la edad, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona.
Las cifras que dejó el último Registro Nacional
El Registro Nacional de Hipertensión Arterial aporta una radiografía bastante elocuente de lo que sucede en el país: el 36,3 por ciento de los adultos mayores de dieciocho años tiene esta condición, lo que traducido a los números gruesos significa que son cerca de 12 millones de personas las que conviven con presión elevada en la Argentina, y un dato que suele pasar inadvertido por la contundencia que tiene es que casi cuatro de cada diez de esas personas ni siquiera sabe que la tiene, porque nunca se la midieron o porque la midieron mal, o simplemente porque el resultado no les llegó de manera clara.
A ese panorama se le suma otro costado que preocupa a los especialistas, y que tiene que ver no solo con detectar el problema sino con mantenerlo a raya una vez que se lo conoce: apenas alrededor del 44 por ciento de quienes ya reciben tratamiento logra mantener sus valores controlados de manera sostenida, un porcentaje que muestra que diagnosticar la hipertensión y conseguir que la presión se mantenga en niveles adecuados son, en los hechos, dos aspectos centrales del seguimiento médico, y que ambos merecen el mismo esfuerzo por parte del paciente y del sistema de salud.
Un problema que excede a la Argentina
El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, ubica el problema en una escala mucho más grande, y los pone en perspectiva: 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el mundo, y solo uno de cada cinco la tiene controlada, un porcentaje bajo que muestra que el desafío no es solo argentino ni solo regional, sino que atraviesa a los sistemas de salud de casi todos los países y a las rutinas de cientos de millones de familias.
Con el tiempo, la hipertensión puede deteriorar las paredes de las arterias y afectar órganos vitales, y las consecuencias más temidas son los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares, que en la Argentina figuran entre las principales causas de muerte en adultos mayores de 45 años. Los controles periódicos permiten reconocer una condición que puede avanzar sin señales claras y forman parte, en los hechos, de la prevención de esas complicaciones, una idea que la señora Marta, en la puerta del centro de salud de Saavedra, en esta zona, parece haber entendido antes que muchos.
“«Yo vengo a que me controlen la presión, no porque me duela nada, sino porque mi marido terminó internado por un pico de presión que parecía una gripe».”Marta, vecina de Saavedra
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Una bici con candado, un súper y una multa de casi 4 millones: la Justicia le dio la razón al consumidor

Desarrollan una prueba visual que podría detectar el autismo de forma más temprana
