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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El cuerpo no olvida: lo que la ciencia sabe sobre la memoria celular del ejercicio

Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign demuestra que músculos e hígado retienen información del entrenamiento anterior, incluso tras meses de pausa. Qué cambia al volver a moverse y por qué la inactividad sigue pasando factura.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 2 min de lectura
El cuerpo no olvida: lo que la ciencia sabe sobre la memoria celular del ejercicio

El martes a la mañana, en la plaza del barrio de Villa del Parque, me crucé con Patricia, que trota todas las semanas desde hace años. Hace tres meses se luxó un tobillo jugando al paddle y la rehabilitación la dejó afuera de la rutina. Cuando le pregunté cómo se había sentido al volver, me dijo algo que después apareció palabra por palabra en una investigación de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign. «No es que arranco de cero. Los primeros kilómetros cuestan, pero algo en las piernas responde más rápido de lo que esperaba». Esa intuición, repetida por millones de personas que retomaron la actividad después de una pausa, acaba de sustento celular.

Lo que encontraron los investigadores

Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang encabezaron un trabajo publicado en 2025 en American Journal of Physiology-Cell Physiology, al que se sumó un segundo estudio difundido en 2026 en Molecular Metabolism. La pregunta era directa: ¿qué pasa en músculos e hígado antes, durante y después de una pausa en la actividad física? Para responderla, entrenaron a ratones entre cuatro y ocho semanas, los dejaron inactivos y luego los reentrenaron. Al volver a moverlos, los compararon con animales que nunca habían hecho ejercicio.

  • Los animales con entrenamiento previo desarrollaron fibras musculares más grandes al retomar la actividad.
  • Sus músculos aprovecharon mejor la energía disponible frente al esfuerzo, una ventaja que se sostuvo incluso durante la pausa.
  • En el hígado detectaron una mayor presencia de carboxilesterasas, enzimas que descomponen las grasas en sangre para que el músculo las use como combustible.
  • Esa coordinación energética entre hígado y músculo mejoró al volver a moverse, tanto en ratones como en personas.

Una memoria que todavía no se sabe cuánto dura

Los investigadores aclaran que la idea de memoria biológica ya era conocida: las neuronas guardan información a través de sus conexiones y el sistema inmunitario reconoce agentes que enfrentó antes. Lo nuevo es que las células musculares, hepáticas, de la piel y del tejido adiposo también parecen archivar experiencias pasadas. Todavía no está claro cuánto tiempo se conserva ese registro ni cómo se mantiene a nivel molecular, pero los indicios cambian la forma de pensar la recuperación después de una lesión, un embarazo, una enfermedad o una temporada de trabajo intenso.

El hallazgo, sin embargo, no es una licencia para quedarse quieto. Tras varias semanas sin actividad bajan la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del organismo a la insulina. La memoria celular existe, pero la inactividad también pasa factura. Volví a la plaza de Villa del Parque y le conté a Patricia lo que habían encontrado en Illinois. Se rió, se acomodó los auriculares y me respondió, mientras empezaba otra vuelta: «Entonces no era ego mío. El cuerpo se acuerda, pero igual hay que darle motivos para que se acuerde».

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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