La huerta detrás de la medianera: recetas de abuela que el INTA avala para defender el jardín sin una gota de química
Con la primavera y el verano acechando, pulgones, ácaros y hongos vuelven a hacer de las suyas. Un repaso por los preparados caseros que recomienda el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria: ortiga, ajo, cáscaras de naranja y cebolla, al alcance de cualquiera con un balde y un poco de paciencia.

Lo vi una mañana de estas, bien temprano, mientras barría la vereda: don Eduardo, el de la casa de la esquina, en el barrio de Villa Devoto, estaba de rodillas frente a su rosedal con un balde plástico en una mano y una rama de ortiga en la otra, como quien prepara un hechizo. Me miró por encima del hombro, se rió con esa risa de viejo pícaro y me dijo: "Mirá, pibe, esto es más viejo que yo. Mi vieja lo hacía en el campo y el jardín le explotaba de verde. Ahora me acuerdo y se lo cuento a todo el mundo". Esa escena, tan de cuadra de Buenos Aires, resume mejor que cualquier manual el espíritu de lo que vengo a contar: para pelearles a las plagas del jardín no hace falta gastar una fortuna en agroquímicos, ni envenenar a los gorriones ni a los chicos que corren entre los canteros. Hace falta, nada más, volver a las recetas de siempre, las que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, con toda la seriedad de sus agrónomos, se encarga de poner por escrito y recomendar para huertas y jardines domésticos.
Por qué la primavera y el verano cambian el paisaje de las plagas
Cuando el termómetro empieza a trepar y la humedad se queda pegada a las hojas, el jardín se llena de una energía nueva. Aparecen los primeros hongos, que aprovechan el calor húmedo para colonizar tomateras, rosales y céspedes. Más adelante, cuando llega el verano y el aire se vuelve más seco, el escenario rota: aparecen en tropel los pulgones, las cochinillas, la mosca blanca, los ácaros, las orugas, todos atraídos por la fruta madura y el follaje tierno. Lo importante, dicen los técnicos del INTA, es no esperar a tener la plaga instalada: conviene empezar a pulverizar de manera preventiva, sobre todo en los primeros estadios, cuando el problema todavía se puede revertir sin mayores consecuencias.
Yo, que vengo de una casa donde el patio era un quilombo botánico permanente entre el limonero, el jazmín y las, aprendí a fuerza de mocos verdes en las hojas y de manchas blancas en los zapallos que la prevención no es un lujo: es una necesidad. Por eso me tomé el trabajo de pasar en limpio las recetas que el INTA difunde y que cualquier vecino, con un balde, una cocina y algo de paciencia, puede preparar en casa.
- Usá siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta y arruinar todo el preparado.
- Macerá siempre en un lugar ventilado y a la sombra. La luz solar directa degrada los principios activos y puede fermentar de más la mezcla.
- Colá bien el líquido antes de cargarlo en el pulverizador. Un solo grumo sólido tapla la boquilla y te arruina la tarde de jardín.
- Manipulá la ortiga con guantes. Suena exagerado, pero la urticaria en los brazos dura varios días y no tiene gracia.
Las cinco recetas que vale la pena tener a mano
La primera y más famosa es el purín fermentado de ortiga, un clásico de la huerta urbana. Se coloca un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si la conseguís seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre siete y doce días, revolviendo a diario con un palo hasta que desaparezcan las burbujas, que es la señal de que la fermentación terminó. Antes de aplicarlo sobre las plantas, se diluye en la misma cantidad de agua, mitad preparado y mitad agua limpia. Controla pulgones y hongos y, como beneficio extra, aporta nutrientes al suelo. Dicen los que saben que el olor es bastante fuerte, así que conviene aplicarlo lejos de la ventana del living.
La segunda es el macerado concentrado de ajo con alcohol, una joyita que en Villa Devoto ya me confesaron que preparan al menos tres vecinos. Se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja reposar siete días en la heladera, se filtra bien y, al momento de usar, se diluyen cien mililitros por cada litro de agua con un chorrito de jabón blanco neutro como adherente para que la preparación se pegue a la hoja. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, y el olor, al menos para mí, es infinitamente más llevadero que el de la ortiga.
La tercera es la más sencilla: cáscara de una naranja hervida en medio litro de agua durante diez minutos. Se deja enfriar, se cuela y se pulveriza sobre las hojas. Sirve contra pulgones y cochinillas y deja, de paso, un aroma cítrico que perfuma el patio. La cuarta es la de cebolla: se cortan dos o tres cebollas medianas y se dejan en remojo en agua hirviente durante hasta 48 horas. Después se cuela y se aplica, sin más trámite, sobre pulgones y hongos. Y la quinta, para los que quieran algo todavía más aromático, es una infusión de ruda y salvia en proporciones iguales, que se pulveriza sin fermentación previa y que también cumple su rol contra los pulgones.
“Cualquiera de estos preparados sirve para reducir las poblaciones a un nivel que no cause daño significativo. No reemplazan a los productos químicos cuando el ataque es severo, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema.”Recomendación del INTA
Antes de irme, vuelvo a la escena con la que arranqué esta nota. Don Eduardo, mientras terminaba de colar su preparado de ortiga, me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Mire, pibe, uno se pasa la vida comprando cosas en el agroquímico de la vuelta y al final lo que mejor le hace a la planta es lo que tenía la abuela en la cocina. Yo a los ochenta años sigo aprendiendo". Y se fue, con su balde en una mano y su pulverizador en la otra, a defender su rosedal de Villa Devoto de pulgones y de olvidos. La verdad, no se me ocurre mejor manera de cerrar esta nota que con esa imagen: la de un vecino que, a fuerza de paciencia y de memoria, le gana una pulseada al verano sin envenenar a nadie.
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