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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La salud se construye de noche: claves para empezar el día sin empezar a contramano

Dormir bien, preparar la rutina y sumar fibra y movimiento al levantarse son pequeños ajustes que, según especialistas, ayudan a cuidar el cuerpo antes de que la jornada se vuelva una carrera contra el reloj.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 4 min de lectura
La salud se construye de noche: claves para empezar el día sin empezar a contramano

Son las seis y veinte de la mañana en el barrio de Caballito y, mientras la pava empieza a silbar en la cocina, el ruido de la cortina metálica del kiosco de la esquina ya se mezcla con el primer colectivo de la línea 15. Desde la vereda, María Ester, que vive a dos cuadras y trabaja como administrativa en un estudio contable, me cuenta con una taza en la mano que durante años arrancó el día “a los tropezones”. “Me levantaba con lo puesto, salía corriendo y a las diez de la mañana ya tenía un nudo en el estómago y la espalda como una tabla”, recuerda, mientras acomoda sobre la mesa un plato con avena, bananas en rodajas y semillas. Esa escena, que podría repetirse en cualquier manzana de Buenos Aires, condensa el corazón de una discusión que los especialistas vienen dando hace tiempo: buena parte de la salud del día se decide la noche anterior y en los primeros minutos después de que suena el despertador.

Preparar la ropa, dejar servido el desayuno o tener lista la mochila puede parecer un detalle menor, pero en la práctica reduce la exigencia con la que arrancamos y, sobre todo, ayuda a proteger las horas de sueño. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos son claros al respecto: los adultos de 18 a 60 años necesitan dormir al menos siete horas por noche, y entre los 61 y los 64 años la franja se mantiene entre siete y nueve horas. Si la alarma suena más temprano pero la hora de acostarse no cambia, lo que se recorta es el descanso, y con él se resiente todo lo que viene después.

Antes del celular: unos minutos para volver a estar

Cuando el reloj empieza a correr, la tentación es tomar el teléfono y caer de lleno en mails, mensajes y notificaciones. La nutricionista Serena Pratt sugiere, en cambio, dedicar unos minutos a recuperar la calma antes de que las obligaciones tomen el mando. En esa misma línea, la Organización Mundial de la Salud incorporó entre sus herramientas de bienestar la práctica de prestar atención a la respiración, hacerla más lenta y volver a conectarse con el entorno, una técnica que, bien mirado, no exige más que detenerse un instante. Para María Ester, esa pausa fue una revelación: “Me sentaba en el borde de la cama, respiraba tres veces lento y miraba por la ventana. Parece una tontería, pero me cambiaba la mañana entera”, me dice, ya con la avena servida y la puerta de su departamento entreabierta, como si todavía le costara creer que algo tan chico pueda hacer tanta diferencia.

Fibra, movimiento y menos sedentarismo: lo que se puede sumar sin grandes esfuerzos

  • Incorporar fibra en el desayuno con avena, frutas y semillas, e ir aumentando el consumo de manera progresiva para evitar molestias digestivas, según explicó la nutricionista Serena Pratt.
  • Después del desayuno, interrumpir el tiempo sentado con una caminata corta o una pausa para estirarse, como propuso el médico Scott Nass.
  • Reemplazar parte del sedentarismo por movimiento, aunque sea ligero, ya que la OMS sostiene que aporta beneficios para la salud.
  • Acumular entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, o su equivalente en intensidad vigorosa, sin necesidad de concentrarla toda al comenzar la jornada.
  • Mantener el aporte de fibra en otras comidas con legumbres, verduras y cereales integrales, para que el desayuno no sea un esfuerzo aislado.

Estas prácticas no son fórmulas mágicas ni reemplazan la consulta médica, sino que se inscriben en una estrategia general de prevención. La inflamación es una respuesta natural del organismo frente a lesiones e infecciones, pero cuando se vuelve persistente puede afectar tejidos sanos. La relación entre una alimentación rica en fibra y menores indicadores inflamatorios sigue bajo estudio, y por eso los especialistas insisten en que los cambios deben adaptarse a la realidad de cada persona: no se trata de hacer todo a la vez, sino de ir sumando lo que cada uno pueda sostener en el tiempo.

“Me sentaba en el borde de la cama, respiraba tres veces lento y miraba por la ventana. Parece una tontería, pero me cambiaba la mañana entera.”María Ester, vecina de Caballito

Antes de que el colectivo de la línea 15 la lleve hacia el centro, María Ester cierra la puerta y se detiene un segundo en el pasillo. No hay épica en lo que hace, ni grandes promesas: una noche ordenada, un desayuno con fibra, unos minutos de calma y un poco de movimiento antes de empezar. La ciencia, de a poco, le está dando la razón. Y la calle, a esta hora, parece estar de su lado.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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