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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Mafalda sigue de guardia en la esquina de siempre: crónica de un domingo en San Telmo

La estatua de la nena que pensó el país sigue congregando a turistas y vecinos en Chile y Defensa. Una recorrida por la feria, los puestos con su cara y los oficios que orbitan alrededor del personaje creado por Quino.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
Mafalda sigue de guardia en la esquina de siempre: crónica de un domingo en San Telmo

Son las once de la mañana de un domingo cualquiera en San Telmo y la esquina de Chile y Defensa ya tiene movimiento. Hay un grupo de brasileños que amaga la foto, una pareja de rosarinos que acomoda el celular y un porteño de rompe y raja que le dice a la nena de bronce lo que le dice a Mafalda cualquier vecino cuando la cruza: 'dale, no jodas'. La escena se repite desde hace años, pero nunca pierde la gracia. Yo vengo seguido a esta esquina, me críe leyendo las tiras en el diario que compraba mi viejo en el kiosco de Defensa y todavía me detengo un segundo antes de cruzar la calle, como si la chica de Quino me fuera a tirar la frase justa.

La estatua forma parte del Paseo de la Historieta, ese circuito que el barrio fue armando para sacar a los personajes a la calle. Pero la de Mafalda es, sin discusión, la más visitada. No hay un tiempo de espera informado ni un operativo que organice la fila: la gente se acomoda como puede, hace la cola con buena onda y se lleva la postal. A veces hay que armarse de paciencia, sobre todo cuando cae algún contingente de turistas con guía en mano y posan de a tres o cuatro por vez. Pero nadie se queja demasiado, porque la espera es parte del ritual.

La feria como extensión del personaje

La caminata se completa de manera casi natural si uno se larga por Defensa, hacia Plaza de Mayo. La feria dominica despliega su clásico tendedero de puestos: antigüedades, platería, libros usados, cuadros, y entre medio, la cara inconfundible de Mafalda aparece en cerámicas, mates, cuadernos, imanes, remeras y unas muñecas tejidas que son puro ingenio barrial. Hay objetos para todos los bolsillos y para todos los gustos, desde piezas cuidadas por artistas locales hasta souvenirs más masivos. Lo que no cambia es el efecto: ver a la nena de Quino repetida en cada puesto confirma que el personaje sigue vivo en la calle, mucho más allá del papel.

“Lo que más me gusta de Mafalda es que no se queda en una sola idea: va cambiando con el mundo y, al mismo tiempo, cada personaje del elenco tiene su propia voz. Eso la hace seguir vigente.”Tute, humorista gráfico

Cuidado con las frases truchas

Antes de comprar cualquier recuerdo, vale detenerse un segundo y leer bien lo que dice. Entre los artículos que reproducen con seriedad las tiras de Quino se cuelan otros que le endilgan a Mafalda frases que ella nunca dijo. La cara es la misma, pero el mensaje no salió de su boca ni del lápiz de su autor. Reconocer al personaje en un objeto no garantiza que el texto sea legítimo: un buen truco es cotejar la frase con alguna de las tiras originales o, si no se la recuerda, con las recopilaciones que siguen vigentes en librerías del barrio.

El resto del elenco tampoco se queda afuera. Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad tienen su lugar en la memoria de los lectores y, de a ratos, en algún puesto de la feria. La idea que rescata Tute, uno de los herederos más lúcidos del humor gráfico argentino, sirve como guía: la complejidad de esas personalidades y la manera en que las tiras fueron incorporando los temas del mundo es lo que sostiene al personaje en el tiempo. Por eso Mafalda sigue convocando a vecinos y turistas en la misma esquina de siempre, y por eso la visita puede combinarse sin esfuerzo con una mañana de feria, mate mediante.

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