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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Una lengua de nieve que bajó a toda velocidad por el filo del Chapelco y dejó a dos esquiadores en el umbral de lo peor

El jueves a la tarde, en lo más alto del cerro, una avalancha se soltó en un sector no habilitado y arrastró a dos personas al borde del impacto. El operativo del complejo evitó un final trágico y volvió a poner sobre la mesa qué hacer y qué no hacer cuando uno se mueve en la montaña.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 4 min de lectura
Una lengua de nieve que bajó a toda velocidad por el filo del Chapelco y dejó a dos esquiadores en el umbral de lo peor

Lo que arrancó como una tarde más de esquí en Chapelco terminó convertido en una de esas imágenes que a uno le quedan dando vueltas en la cabeza un buen rato. Yo todavía estoy intentando procesar lo que cuentan los testigos: una lengua enorme de nieve que se desprende de golpe del filo del cerro, a casi mil novecientos ochenta metros de altura, y empieza a bajar ladera abajo como si tuviera vida propia, mientras dos personas que estaban esquiando en zigzag quedan a metros de ser tragadas por esa masa blanca que avanza cada vez más rápido y no pide permiso a nadie. La escena la registraron de manera casual unos cuantos turistas que estaban por ahí con el celular en la mano, y cuando uno mira los videos entiende por qué se les habrá acelerado el pulso: la velocidad del fenómeno es brutal, del orden de esas cosas que parecen lejanas hasta que un día te toca a centímetros.

Lo que pasó en el filo, punto por punto

El episodio ocurrió el jueves a la tarde, en pleno desarrollo de la temporada invernal. La avalancha se originó en el sector posterior del filo del Cerro Chapelco, una zona que no forma parte del dominio esquiable habilitado. Dos esquiadores que realizaban un descenso por esa área terminaron a muy pocos metros del frente de nieve. No hubo que lamentar heridos: ambos se alejaron de la masa a tiempo y salieron ilesos, algo que no es un dato menor cuando uno conoce lo que puede hacer una avalancha en la montaña.

Cuando el personal del complejo detectó lo que estaba ocurriendo, se activó de inmediato el protocolo de seguridad. El operativo apuntó, por un lado, a mantener despejado el área y a impedir el ingreso de cualquier otra persona al sector; por el otro, a comenzar las tareas de evaluación de la estabilidad de la montaña para evitar que el fenómeno se repitiera o que alguien quedara expuesto en las horas siguientes. Mientras esa evaluación corría, el acceso a la zona quedó cerrado, una decisión que las autoridades suelen tomar de manera automática ante este tipo de contingencias.

“Lo que se vio en los videos es la postal que nadie quiere tener cerca: la masa blanca bajando a una velocidad que parece de otro mundo, y los esquiadores que corren hacia los costados buscando zafar.”Hernán Quiroga, desde San Martín de los Andes

Desde la administración del Chapelco recordaron algo que parece una obviedad pero que en la práctica muchos esquivan: el filo es uno de los puntos más altos del cerro y ese sector no está señalizado ni autorizado para la práctica del esquí. La recomendación, una y otra vez, es la misma: permanecer dentro de las zonas habilitadas y respetar las indicaciones del personal especializado, que es el que conoce la montaña después de cada nevada y después de cada ráfaga de viento.

Por qué se mueve la nieve y por qué importa tanto dónde uno se para

  • Acumulación de capas de nieve con distinta consistencia, que pierden adherencia entre sí.
  • Cambios bruscos de temperatura que debilitan la estructura interna del manto nival.
  • Viento fuerte que redistribuye la nieve hacia ciertos puntos de la ladera y forma cornisas o placas.
  • Inclinación pronunciada del terreno, que reduce la fricción y facilita el deslizamiento.
  • Paso de personas por sectores no habilitados, que agrega una sobrecarga y puede funcionar como detonante.

Después de nevadas intensas, el viento hace lo suyo: levanta la nieve de un lado y la deposita en otro, formando acumulaciones que parecen firmes cuando uno las mira desde abajo pero que por dentro pueden estar huecas, con capas que no se enganchan bien entre sí. Cuando algo rompe ese equilibrio, ya sea un cambio de temperatura, una sobrecarga o el peso de una persona, la ladera empieza a correrse y la masa gana velocidad en pocos segundos. Por eso los centros de delimitan con tanta precisión las zonas seguras y por eso insisten, incluso cuando parece exagerado, en que nadie se aventure por fuera de las pistas señalizadas.

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, lo que significa que todavía queda un buen tramo de días con nieve, con frío y con tentación de meterse en algún rincón que parece solitario y tentador. Uno entiende la pulsión, de verdad, porque la montaña llama y a veces da la sensación de que pisar fuera de las pistas es una forma de escaparse de la fila del telesilla y del circuito de siempre. Pero la montaña tiene sus reglas, y las reglas no son opinables: cuando un centro de ski dice que un sector no está habilitado, es porque alguien con experiencia midió el riesgo y decidió que no se puede pasar. Hacele caso, aunque sea la única recomendación de la nota, y contame después qué te pareció, porque esta clase de episodios siempre dejan más preguntas que respuestas y a mí me sirve leer qué piensa la gente que camina la cordillera todo el año.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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