Una remera, un tapado, un guardapolvo: la historia reciente del país colgada del perchero del ModMA
La muestra "Vestir mundos", organizada por el Museo de Arte Moderno con la Fundación IDA, recorre seis décadas de diseño de indumentaria argentino y propone leer las prendas como archivos vivos de las crisis, las discusiones ambientales y las identidades culturales del país.

Me cruzo con el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires una mañana cualquiera de la semana y, antes de entrar, pienso en lo fácil que resulta pasar por delante de las vidrieras sin detenerse. Esta vez había motivo de sobra para frenar. En la planta baja, colgadas en percheros o recostadas sobre maniquíes, una colección de prendas argentinas de los últimos cuarenta años cuenta, sin decir una palabra, buena parte de lo que nos pasó como sociedad. La exposición se llama "Vestir mundos", está organizada junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino) y abrió sus puertas el 10 de septiembre; el público podrá recorrerla hasta el 1 de julio de 2027.
Lo que plantearon los curadores Franco Chimento y Raúl Flores es, en el fondo, una idea sencilla y bastante provocadora al mismo tiempo: una remera, un tapado o un guardapolvo pueden leerse como documentos de su época. El recorrido se ordena en seis núcleos temáticos que funcionan como capítulos de un mismo libro, y el hilo conductor es la noción de que los diseñadores argentinos de las últimas décadas hicieron de la restricción, la crisis y la falta de insumos una materia prima con la que producir, en lugar de un motivo para bajar los brazos.
Crisis, materiales de descarte y la invención cotidiana
Los primeros núcleos se detienen en las respuestas creativas que aparecieron a fines de los años noventa y comienzos de los dos mil, cuando el país atravesaba una de sus peores crisis económicas y sociales. Allí aparecen firmas como Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, que trabajaron con fusiones textiles, con el quemado de plásticos y con materiales descartados para volver a definir, en plena tormenta, qué significaba vestirse con sofisticación. Muy cerca, una de las piezas más comentadas es la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre", de 2004, realizada junto a la Cooperativa La Juanita: resignificaron el guardapolvo blanco, símbolo clásico del trabajo argentino, como prenda de producción autogestionada.
Sostenibilidad, norte argentino y oficios que cruzan generaciones
El segundo gran eje es el ambiental, un tema que en la Argentina dejó de ser nicho hace rato y se coló en las mesas de los talleres. El colectivo 12NA, integrado por Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano; Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, dándoles una segunda vida; y la firma Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las pistas de baile de las subculturas nocturnas, sin distinguir entre géneros ni estaciones del año.
La muestra también hace lugar al diálogo con las tradiciones regionales, algo que a mí, como porteño criado escuchando hablar del norte, siempre me interesa especialmente. MANTO, un proyecto que Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug sostienen desde 1996, trabaja junto a hilanderas del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama, combinadas con sastrería contemporánea. En la misma sala se ve el trabajo de la diseñadora salteña Roxana Liendiro, que traslada técnicas de orfebrería como el repujado y el cincelado a textiles andinos como el barracán y el aguayo, cruzando oficios que suelen vivir en mundos separados.
Hacia adelante: biotecnología y producción circular
El tramo final de la exhibición se interna en búsquedas más recientes, donde la indumentaria se cruza con la biotecnología y con la idea de producción circular. Diseñadores como Romina Cardillo y proyectos vinculados al universo del biodiseño proponen prendas que dialogan con materiales vivos, con residuos industriales reaprovechados y con procesos que buscan cerrar el círculo entre lo que se fabrica, lo que se usa y lo que vuelve a entrar en la cadena.
“Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia. De eso se trata la muestra.”Franco Chimento, curador
Salgo del museo con una sensación que ya había tenido otras veces en muestras similares: la de que el diseño de autor, cuando se mira en conjunto, termina funcionando como una especie de archivo paralelo de la historia reciente. Las crisis, las búsquedas de identidad, los debates ambientales, las tradiciones regionales y los oficios que se reciclan aparecen aquí traducidos a telas, costuras y siluetas. La cita de Chimento sirve de síntesis y también de pie para volver a entrar: cada prenda, incluso las más austeras, parece cargar consigo la pregunta por el mundo en el que fue pensada. Y para quienes pasen por San Telmo en los próximos meses, la invitación es concreta: el ModMA espera, con sus percheros cargados de historia, hasta julio de 2027.
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