Zach Cregger vuelve a poner a Austin Abrams en movimiento y esta vez lo hace correr por la nieve de Raccoon City
La nueva película de Resident Evil dura unos 95 minutos y cuenta la historia de Bryan, un mensajero común que termina convertido en monstruo: cómo se hizo, qué decisiones tomó el director y por qué el final es tan como elegante.

Hay una frase que sobrevuela cada vez que un director y un actor se reencuentran después de un éxito: "vamos a hacerlo de nuevo, pero distinto". En el caso de Zach Cregger y Austin Abrams, esa frase podría haber sido literal: después de Weapons, donde el director demostró que sabe filmar persecuciones con un pulso casi musical, ahora los reúne en Resident Evil, una película que adapta la saga de videojuegos pero que, por lo que se vio hasta aquí, prefiere contar su propia esquina del apocalipsis en lugar de repetir la franquicia conocida.
La historia arranca con un paquete destinado al hospital de Raccoon City y con Bryan, un mensajero cualquiera que solo quiere terminar su última entrega y volver con su novia, que está embarazada. Esa condición de hombre común, sin entrenamiento militar ni pasado heroico, es la decisión más interesante del filme: obliga al espectador a acompanha no a un soldado ni a un científico, sino a un tipo que se metió en la pesadilla equivocada y que, encima, ya recibió una mordedura antes de entender dónde estaba parado.
Una producción pensada para el cuerpo del actor
En diálogo con la prensa, Abrams contó que la filmación incluyó escenas de carrera sobre la nieve y jornadas enteras bajo temperaturas bajo cero en Praga. En varios rodajes la lluvia se congelaba directamente sobre el vestuario, lo que terminó sumando una capa extra de realismo a un personaje que, además, debía mostrar cambios físicos progresivos a medida que el virus T lo iba tomando. Para las escenas finales, en las que Bryan ya es una criatura de gran tamaño, Cregger le pedía que intensificara los rugidos: el actor reconoció que tuvo que superar la incomodidad de actuar como un monstruo y comprometerse con lo que imaginaba mientras filmaba.
- Duración aproximada: 95 minutos, dentro del estándar de un thriller de supervivencia.
- Protagonista: Bryan, mensajero sin experiencia, interpretado por Austin Abrams.
- Director: Zach Cregger, que repite con Abrams tras Weapons.
- Rodaje: escenas en nieve y bajo cero en Praga, con lluvia que se congelaba sobre el vestuario.
- Conflicto central: el paquete que transporta es un antídoto, pero Bryan ya está infectado.
- Desenlace: el protagonista muere convertido en una criatura, y el virus sigue expandiéndose.
- Lectura del director: es una historia de orígenes sobre cómo se descontroló el brote.
El final, leído en clave de orígenes
Quien no quiera spoilers debería saltear lo que sigue, porque la película lleva a Bryan hasta su propia muerte y, con ella, frustra aquello por lo que el personaje peleó toda la película. En la lectura que hizo el propio Abrams, ese desenlace no es un capricho oscuro del guionista: es la manera que encontró Cregger de mostrar cómo, aun existiendo un antídoto dentro de ese paquete, el virus T terminó expandiéndose igual. Por eso la describe como una historia de orígenes: no cuenta el apocalipsis en su pico, sino el momento exacto en que el mundo perdió la chance de frenarlo. Y esa decisión, en un Hollywood que suele premiar al héroe que sobrevive, le da a la película una honestidad poco frecuente.
“Lo que más me sorprendió fue que el protagonista muere. En mi lectura, permite contar cómo continuó extendiéndose el virus pese a que existía una oportunidad de detenerlo. Por eso la película es una historia de orígenes.”Austin Abrams
Si me preguntan a mí, lo más valioso de esta nueva Resident Evil no son los zombis ni los efectos de transformación, que igual lucen muy bien en el metraje que se mostró, sino la decisión de poner en el centro a un antihéroe absoluto. Ver a Abrams cargar paquetes bajo la lluvia congelada, gritar como un monstruo cuando la historia se lo pide y, sobre todo, aceptar la derrota del personaje con una dignidad que no pide compasión, confirma algo que Weapons ya había insinuado: Cregger tiene una sensibilidad particular para contar historias de género sin traicionar a sus protagonistas. Les recomiendo llegar a la sala con tiempo, con el abrigo puesto y, si pueden, sin haber visto ningún avance: la mejor forma de acompana a Bryan es no saber dónde termina.
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