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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una nota a favor de la música: chicos que tocan un instrumento rindieron mejor en memoria y en la escuela

Un estudio de la Universidad Northeastern comparó a 76 chicos de 7 a 9 años y encontró ventajas en pruebas cognitivas y escolares entre quienes practicaban música. Los autores aclaran que no se trata de una relación causal y que el costo de las clases puede dejar afuera a muchas familias.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 5 min de lectura
Una nota a favor de la música: chicos que tocan un instrumento rindieron mejor en memoria y en la escuela

La puerta del taller de Don Osvaldo, en el barrio de San Cristóbal, queda abierta apenas pasada la siesta. Adentro, suena un piano desvencijado y una viola que va y vuelve desde hace más de veinte años. "Acá vienen los pibes a aprender, pero también a quedarse un rato lejos de la pantalla", me dice Osvaldo Romero, mientras acomoda un atril para una de sus alumnas más chicas. Esa escena cotidiana, repetida en miles de casas de familia y en academias de barrio como la de Osvaldo, es la que la ciencia empezó a mirar con más detalle: ¿qué pasa en el cerebro y en el rendimiento escolar de un chico que aprende a tocar un instrumento? Una investigación reciente de la Universidad Northeastern, en Estados Unidos, aporta datos que suman a ese debate, aunque con una aclaración clave: todavía no se puede asegurar que la música sea la causa directa de las mejoras observadas.

Qué midió el estudio y con quiénes

El trabajo reunió a 76 chicos de entre 7 y 9 años, divididos en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento y le dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos por semana; la otra mitad no tenía formación musical. Entre los instrumentos más frecuentes aparecieron el piano y los de cuerda. Los investigadores les tomaron pruebas de memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo, y también evaluaciones escolares de lectura, escritura y matemáticas. En casi todos los frentes, los chicos que tocaban un instrumento obtuvieron mejores puntajes: rindieron mejor en comprensión lectora, ortografía, reconocimiento de palabras y en operaciones matemáticas. Además, a 50 de los participantes se les hizo una resonancia magnética y se detectó una diferencia en una vía cerebral que conecta áreas vinculadas con la audición, el lenguaje y el movimiento.

Por qué tocar un instrumento podría entrenar la cabeza

Para entender el hallazgo, hay que mirar lo que pasa cuando un chico se sienta frente al piano o agarra una guitarra. Tiene que leer una partitura, mantener el ritmo, escuchar a quien lo acompaña y coordinar los dedos al mismo tiempo. Esa gimnasia simultánea pone en juego a las llamadas funciones ejecutivas, un conjunto de habilidades que nos permiten planificar, sostener la atención, controlar los impulsos y adaptarnos cuando algo cambia. "La música exige atender varias tareas a la vez, y eso es justo lo que entrenan las funciones ejecutivas", explicó Psyche Loui, profesora de Música de Northeastern, al presentar el trabajo. Anita Collins, investigadora y educadora musical, coincidió y agregó que aprender un instrumento ejercita además la escucha activa, la planificación a mediano plazo y la autorregulación emocional. Una de las funciones ejecutivas más medidas en el estudio es la memoria de trabajo, esa capacidad de retener información unos segundos mientras se usa, por ejemplo, para recordar una consigna mientras se resuelve un ejercicio de matemática.

Lo que el estudio no puede probar

Hay un punto central que los propios investigadores se encargan de aclarar: este no es un ensayo en el que se haya asignado al azar a algunos chicos a tomar clases de música y a otros no. La comparación se hizo entre chicos que ya practicaban y chicos que no, y eso cambia todo a la hora de sacar conclusiones. Las familias que acompañan a sus hijos a un conservatorio, que les compran un instrumento o que los llevan a una academia como la de Osvaldo en San Cristóbal suelen ofrecer, también, otras experiencias educativas: libros, conversaciones, tiempo dedicado a las tareas, ayuda con los deberes. Aunque los autores intentaron equilibrar a los grupos por nivel socioeconómico, esa precaución no alcanza para descartar que haya otros factores detrás de la diferencia. En otras palabras, los datos muestran una asociación muy interesante, pero todavía no permiten afirmar que aprender a tocar un instrumento sea, por sí solo, lo que mejora los puntajes.

El dato que más preocupa a las familias

Hay otro costado del hallazgo que los propios autores señalan con preocupación: el costo. Una cuota de conservatorio, un instrumento en condiciones y un traslado semanal no siempre están al alcance de cualquier bolsillo. "El acceso a la formación musical es un privilegio, y eso condiciona de entrada a quién llega y quién no", advirtieron los investigadores, en línea con lo que cuentan en los barrios. En la academia de San Cristóbal, Osvaldo lo resume con una frase que se escucha en muchas veredas: "Vienen los que pueden, y nos duele ver chicos que se quedan en la puerta porque la familia no llega". Para los especialistas, la discusión ya no pasa solo por comprobar si la música ayuda al aprendizaje, sino por garantizar que todos los chicos puedan probarlo, sin que el precio de la cuota decida quién se sienta frente al piano y quién se queda del otro lado de la puerta.

Antes de irme del taller, la nena que ensayaba en el piano le preguntó a Don Osvaldo si la próxima semana podía traer a un compañero del colegio. Osvaldo miró la libreta de turnos, vio que tenía un hueco a las cinco, y le dijo que sí, que lo traiga. Después, mientras cerraba la persiana, me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Si esto le sirve para leer mejor o para entender una cuenta, bienvenido. Pero sobre todo le sirve para tener un lugar donde quedarse un rato". Tal vez el estudio de Northeastern lo que viene a confirmar, en el fondo, es eso que ya saben los Osvaldo de cada barrio: que la música enseña, sí, pero que todavía falta mucho para que esa enseñanza llegue a todos por igual.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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